Nórdica | Asunción Lorenzo | 2024 | 176 págs.
#Clásico #Noruega #1894
Puedes permanecer sentado en medio del baile indiferente y frío, porque es tu interior el que constituye la fuente del dolor y la alegría.
Pan, Knut Hamsun
«Pan» me ha sorprendido muchísimo. No esperaba encontrarme una novela de 1894 que se sintiera tan moderna. Mientras la leía, tenía constantemente la sensación de estar leyendo algo adelantado a su tiempo, una obra que rompe muchas de las normas narrativas que uno espera de una novela del siglo XIX. Y precisamente eso fue lo que más me ha fascinado, sentirla tan profundamente viva, íntima y transgresora.
Desde las primeras páginas me llamó muchísimo la atención el estilo de Knut Hamsun. Me sorprendió que no utilizara los guiones tradicionales para separar los diálogos. Sé que esto ahora no es nada novedoso y hay muchos otros autores que lo utilizan, pero estamos hablando de una novela del siglo XIX. No sé, supongo que habrá otros autores que lo utilizaron antes, pero a mí me ha sorprendido muchísimo.
Además de los guiones, muchas veces, tampoco existe una división clara entre lo que piensa el narrador, lo que recuerda, lo que imagina o lo que realmente está ocurriendo. Todo fluye mezclado, casi como si estuviéramos dentro de la mente del protagonista. Y lejos de resultar confuso, consigue que la novela tenga una naturalidad muy especial, como si Glahn (el protagonista) estuviera hablándonos directamente desde su conciencia, sin filtros.
Eso ha hecho que la primera parte del libro me pareciera fascinante. La voz de Thomas Glahn no narra los acontecimientos de forma ordenada o racional; habla igual que siente. A veces pasa de describir un paseo por el bosque a detenerse en una emoción repentina, en un pensamiento absurdo o incluso en una especie de sueño o visión poética. Hay momentos en los que parece completamente perdido dentro de sí mismo, y precisamente por eso se siente tan real. Su voz es impulsiva, contradictoria, emocional y profundamente cambiante. Puede estar lleno de felicidad en un instante y hundido en una melancolía extraña apenas unas líneas después.
Creo que una de las citas que mejor resume esa sensibilidad es esta:
Puede llover y puede haber tormenta, no depende de eso, a menudo puede apoderarse de ti una pequeña alegría en un día de lluvia y hacerte enloquecer de felicidad. Entonces te pones a mirar a tu alrededor mientras te ríes en silencio.
Esa forma de experimentar las emociones, tan intensa y tan espontánea, atraviesa toda la novela. Glahn vive conectado a la naturaleza de una manera casi salvaje. Los bosques, el mar, la noche, los insectos, las flores o el cambio de las estaciones son el reflejo de su estado interior. Hay páginas enteras donde parece que la naturaleza siente junto a él.
Y ahí aparece otra de las cosas que más me impresionaron del libro, su prosa. Hamsun escribe de una forma increíblemente lírica sin perder nunca la intimidad. Muchas frases parecen poesía pura, pero una poesía muy emocional, muy sensorial. Hay fragmentos que se quedan flotando en la cabeza incluso después de cerrar el libro. Por ejemplo:
Sabe Dios, me dije para mis adentros, por qué el horizonte se viste de lila y amarillo esta noche, tal vez haya una fiesta arriba en el mundo, una gran fiesta, con música de estrellas y barcos navegando por los ríos.
O este otro, que probablemente fue uno de mis favoritos de toda la novela:
Salgo de la cabaña y escucho. Nada, ni un ruido, todo duerme. El aire está iluminado por insectos voladores, miríadas de alas zumbando. Al borde del bosque crecen los helechos y los acónitos, y florece el acanto, me gustan sus minúsculas flores. Gracias, Dios, por cada flor de brezo que he contemplado; han sido como pequeñas rosas a lo largo de mi camino y lloro de amor por ellas. En algún lugar cercano hay un clavel silvestre, no lo veo, pero me llega su olor.
Leyendo fragmentos así entendí que «Pan» es una novela de estados emocionales, de impulsos, de contradicciones y de sensaciones. Dejando a un lado la trama, lo importante es cómo se siente el protagonista mientras vive.
También me sorprendió muchísimo que la novela esté dividida en dos partes y la voz cambie completamente entre una y otra. La primera parte, narrada por Glahn, tiene un tono mucho más impulsivo y casi caótico; sus pensamientos saltan de un lugar a otro y la narración transmite esa inestabilidad emocional constante. Pero en la segunda parte, narrada por otro personaje del que nunca se dice el nombre, la voz se vuelve más fría, más distante, más rígida. Los párrafos son más largos, la mirada más contenida y racional. Parecen dos novelas distintas escritas por personas diferentes.
Me impresionó muchísimo la capacidad de Hamsun para transformar completamente la forma de narrar dependiendo de quién cuenta la historia. Y lo vuelvo a repetir, sé que otros lo han hecho; por ejemplo, en «La ciudad y los perros» de Vargas Llosa, y muchos otros. Pero este libro es 100 años antes. Es que estamos hablando del siglo XIX. Estoy seguro de que cuando alguien lea esto, me tildará de ignorante (gracias a Dios, no entra ni Cristo en este blog), que otros lo han hecho mucho antes. Pero bueno, no puedo evitar sorprenderme porque siento algo distinto en «Pan», como si el cambio también fuera psicológico y estilístico, incluso la textura de la prosa.
Volviendo al libro, creo que esa diferencia de voces hace todavía más evidente lo extraño y magnético que era Glahn como personaje. Porque al salir de su mente, el lector comprende hasta qué punto la primera parte estaba dominada por su sensibilidad extrema y su manera particular de ver el mundo.
Al terminar «Pan», me he quedado con la sensación de haber leído algo muy difícil de clasificar. Podría resumirla y decir que es una novela romántica. Sí, supongo que sí, pero sería simplificarla demasiado, porque también es psicológica, poética y profundamente introspectiva. Hay algo salvaje e inestable en ella que hace que se sienta muy moderna incluso hoy. Entiendo perfectamente por qué Hamsun influyó tanto en escritores posteriores, porque muchas de las técnicas narrativas y emocionales que utiliza parecen más propias de mitad del siglo XX que de finales del XIX.
No esperaba que un libro publicado en 1894 pudiera sentirse tan experimental y tan contemporáneo. Y precisamente por eso estoy tan impresionado. Voy a seguir leyendo sus libros. El siguiente será «Hambre». Pero eso será el año que viene.