«La fortuna de los Rougon», Émile Zola

Puntuación: 5 de 5.

—He oído el oro… ¡Desdichada! No he criado sino lobos… toda una familia, toda una camada de lobos… No había más que un pobre niño, y se lo han comido; cada cual ha dado su dentellada; aún tienen los dientes llenos de sangre… ¡Ah, malditos! Han robado, han matado. Y viven como señores. ¡Malditos! ¡Malditos! ¡Malditos!

La fortuna de los Rougon, Émile Zola

«La fortuna de los Rougon» es el pistoletazo de salida de «Los Rougon-Macquart», la épica telenovela decimonónica (pero con mucho más drama y sin necesidad de pausas publicitarias). Publicada en 1871, esta novela es el primer capítulo de la gran crónica que Zola escribió sobre la sociedad francesa bajo el Segundo Imperio. Vamos, que si quieres cotillear sobre cómo las ambiciones políticas, las traiciones familiares y las luchas de poder se entrelazan con el destino de toda una nación, aquí tienes una lectura jugosa.

La historia arranca en la ciudad ficticia de «Plassans» (léase «Aix-en-Provence» con otro nombre) y nos presenta el árbol genealógico de la familia Rougon-Macquart, un conjunto de personajes con más ambiciones que escrúpulos. Todo ocurre en medio del golpe de Estado de Napoleón III en 1851, un momento perfecto para que los Rougon—esos oportunistas de manual—se suban al tren del poder mientras que los Macquart, con menos suerte y más resentimiento, terminan en el vagón de los marginados.

¿El resultado? Un espectáculo de hipocresía, manipulación y luchas sociales digno de una serie de HBO. Zola no se anda con rodeos: sus personajes son tan reales que podrías encontrártelos en cualquier reunión familiar complicada. No hay villanos de opereta ni héroes impolutos, solo ambición, traición y, en medio del caos, una pizca de amor trágico con Silvère Mouret y Miette, nuestros «Romeo y Julieta» de la revolución, cuya historia de amor es tan conmovedora como condenada al desastre.

Pero no todo es drama y política. Zola también se luce con su detallada descripción de Plassans, una ciudad dividida no solo por calles, sino por ideologías. La burguesía se agarra a los bonapartistas con uñas y dientes, los trabajadores luchan por la República (con más ganas que éxito) y la aristocracia se queda mirando, esperando ver de qué lado sopla el viento antes de elegir bando. Tal cual la vida misma.

En definitiva, «La fortuna de los Rougon» no es solo una novela, sino el principio de una saga monumental que disecciona la sociedad francesa con la precisión de un bisturí (y el dramatismo de un culebrón bien hecho). Con su estilo mordaz, su ojo clínico para los detalles y una historia que mezcla poder, destino y emociones humanas sin concesiones, Zola nos regala un inicio de saga que atrapa, fascina y, por momentos, da ganas de gritarle a los personajes.

Si te gustan las grandes historias llenas de pasión, política y un análisis social afilado, dale una oportunidad. Quién sabe, puede que termines queriendo leer toda la saga… o al menos cotillear qué pasa con esta familia tan caótica.