Las afueras | Pablo Martín | 2023 | 144 págs.
#Narrativa #Francia #2023
Nosotras las hadas al mundo de ahí abajo se lo advertimos.
Mientras a las niñas, a las chicas, a las mujeres sacrifique.
Mientras a los extraviados entre cuatro muros encierre.
Mientras eso y todo lo demás, mientras semejante despropósito perpetúe.
Entonces torrentes bosques animales sobre el mundo de ahí abajo su furia descargarán.
Como bestias, Violaine Bérot
I. Una premisa que engancha (y un título que hace todo el trabajo sucio)
Voy a empezar por donde ya intuías: «Como bestias» es una novela que atrapa. No de esas que te cambian la vida (o sí, depende del día que tengas), pero sí de las que te hacen decir “va, un capítulo más” y, de repente, son las tantas.
El título es, sin duda, uno de sus mayores aciertos. Funciona como una especie de advertencia y promesa al mismo tiempo. ¿Quiénes son «las bestias»? ¿Los animales? ¿Los humanos? ¿Ambos? ¿Ninguno? Esa ambigüedad no solo está bien traída, sino que atraviesa toda la novela como una corriente subterránea bastante incómoda (en el buen sentido).
II. Trama: entre lo rural, lo inquietante y lo profundamente humano
La historia se sitúa en un entorno rural aislado, donde la aparición de una niña —y su posible vínculo con una figura conocida como «el Oso»— desencadena una especie de terremoto social.
A partir de ahí, Bérot construye una narración coral donde distintas voces intentan explicar, justificar o directamente juzgar lo ocurrido. Lo interesante no es tanto qué ha pasado (aunque también), sino cómo reacciona la comunidad ante lo diferente, lo incomprensible o lo que no encaja en sus esquemas.
Hay algo casi antropológico en la mirada de la novela, pero sin volverse fría. Al contrario: está llena de pequeñas tensiones, prejuicios, miedos y contradicciones muy reconocibles.
Como dice uno de los personajes:
Pero, ¿por qué se meten con la gente que no ha hecho nada malo?
Y ahí, sin hacer mucho ruido, la novela ya te ha colocado en una posición incómoda.
III. Estructura narrativa: el puzzle de las voces
Uno de los grandes aciertos del libro es su estructura. No seguimos una narración lineal clásica, sino que la historia se arma a partir de múltiples testimonios: vecinos, testigos, figuras periféricas… cada uno con su versión.
Esto tiene dos efectos:
- Por un lado, genera intriga: nunca tienes toda la información.
- Por otro, te obliga a participar activamente como lector (sí, eso que algunos autores parecen temer últimamente…).
Cada voz aporta matices, contradicciones y sesgos. Nadie tiene la verdad absoluta, y eso es precisamente lo que hace que la novela funcione tan bien durante gran parte del recorrido.
IV. Estilo: sobrio, directo… hasta que deja de serlo
El estilo de Violaine Bérot es contenido, casi austero, pero muy eficaz. No necesita grandes florituras para generar atmósfera. De hecho, su fuerza está en lo que sugiere más que en lo que explica.
Hay momentos especialmente logrados en los que se reflexiona sobre la relación entre humanos y animales, o entre lo urbano y lo rural:
No, no estoy idealizando nada. Pero supongo que no es fácil de entender para alguien como usted, que viene de la ciudad. La relación entre los animales y los humanos les resulta demasiado ajena. Todo esto ya no forma parte de su mundo, y lo entiendo.
Ese contraste está muy bien trabajado y añade una capa de lectura bastante interesante. Peeeero (porque siempre hay un pero): llega un punto en el que la novela decide que, por si acaso no te has enterado, mejor te lo explica todo.
Aquí no estamos ante una novela de personajes profundamente desarrollados en el sentido clásico. No hay un gran arco psicológico individual que te deje temblando. En cambio, lo que sí hay es una evolución colectiva: la comunidad como personaje. Cómo juzga, cómo se posiciona, cómo se deja influir.
“El Oso”, por ejemplo, funciona más como símbolo que como personaje tradicional. Es una figura sobre la que se proyectan miedos, prejuicios y fantasías. Y eso está muy bien llevado. Especialmente interesante es cómo algunos personajes intentan romper esa narrativa dominante:
¿Por qué nos cuesta tanto aceptar la idea de que haya podido conocer a una mujer?
Ese tipo de preguntas son las que sostienen la novela.
V. Temas: prejuicio, otredad y el miedo a lo que no entendemos
La novela toca varios temas con bastante acierto: el miedo a lo diferente, la construcción del “otro”, la relación entre humanos y animales, y el sensacionalismo mediático (muy actual, por cierto).
Hay un momento especialmente certero sobre esto último:
¿No ha visto a todos esos periodistas… caldeando los ánimos de todo el mundo?
Aquí Bérot afina bastante y conecta con algo muy contemporáneo.
VI. El problema: cuando la novela deja de confiar en el lector
Y ahora viene la parte donde me pongo un poco… intenso. El gran problema de «Como bestias» llega en su tramo final.
El penúltimo capítulo, el famoso monólogo de la farmacéutica, es donde la novela decide transformarse en manifiesto. Y ojo: la reivindicación es totalmente válida, incluso necesaria. El problema no es qué dice, sino cómo lo dice.
Es redundante. Es explícito. Es… innecesario.
Todo eso ya estaba en la novela. Ya lo habíamos entendido. No hacía falta subrayarlo con fluorescente. Es como si alguien hubiera entrado en el manuscrito en el último momento diciendo: «¿Y si nos aseguramos de que TODO el mundo lo entienda?».
Pues no hacía falta.
De verdad: ¿qué problema hay en dejar espacio al lector? ¿Por qué ese miedo constante a la ambigüedad?
VII. Conclusión: una gran novela… con un final que no está a la altura
A pesar de todo, «Como bestias» merece la pena. Y bastante. Es una novela que propone, que incomoda, que te hace pensar y que, durante la mayor parte del tiempo, confía en ti como lector.
Por eso da un poco de rabia ese final. Porque el libro era mejor cuando no intentaba explicarse.
Aun así, me quedo con lo bueno: la atmósfera, la estructura, las preguntas incómodas y esa sensación constante de que, en el fondo, las bestias… igual no son quienes pensamos.