«La posada Jamaica», Daphne du Maurier

Puntuación: 4 de 5.

—Me gustan mucho estos páramos —dijo—. Usted los ha conocido en malas circunstancias, desde luego, así que no me puede entender. Si los conociera tan bien como yo y los hubiera visto en todos sus diferentes momentos, en verano y en invierno, también le gustarían mucho. Tienen algo fascinante que no se encuentra en ninguna otra parte del condado. Y son muy antiguos. A veces me parecen supervivientes de otra época.

La posada Jamaica, Daphne du Maurier

El encanto de hospedarse en un infierno con niebla

I. Donde Cornualles no es postal turística, sino escenario de pesadillas

Si uno piensa en Cornualles, probablemente imagine acantilados románticos, playas ventosas y pueblecitos con casas pintorescas. Pues bien, olvídese de eso. Daphne du Maurier, en «La posada Jamaica», nos enseña otra cara: la de un páramo sombrío, lleno de niebla, barro y una posada tan acogedora como una celda húmeda en Azkaban. Fue su primera novela de éxito y ya aquí se nota que la autora tenía un talento particular para convertir el paisaje en cómplice de las desgracias humanas.

La trama arranca cuando Mary Yellan, joven huérfana y con más carácter que paciencia, se ve obligada a cumplir la última promesa a su madre: vivir con su tía Patience. Lo que suena a retiro tranquilo se convierte en una pesadilla digna de Netflix True Crime, porque su tío Joss Merlyn es el prototipo de tabernero bruto, alcohólico y violento que haría temblar a cualquier inspector de trabajo.

II. Trama: contrabandistas, secretos y un poquito de «¿me enamoro o lo estrangulo?»

La novela se construye como una especie de espiral: Mary llega ingenua, se enfrenta al mundo de la posada (contrabando, violencia, misterio) y poco a poco va desvelando los secretos que se esconden tras esas paredes ennegrecidas por el humo. El ritmo no es pausado ni frenético: Du Maurier sabe dosificar las escenas de acción con momentos de introspección, de modo que siempre sentimos que algo terrible está a punto de suceder.

El contrabando, los naufragios provocados para saquear barcos y la corrupción moral de quienes viven en ese entorno forman el telón de fondo. Pero lo interesante no es tanto «qué pasa» como «cómo afecta a Mary», que se ve atrapada entre el deseo de huir y la curiosidad morbosa por el peligro. Y es que ella misma lo reconoce:

La atracción y la aversión marchan juntas, la línea que las separa es muy estrecha.

Du Maurier convierte esa línea en el hilo conductor de la novela: entre el amor y el odio, la libertad y el sometimiento, la valentía y la sumisión.

III. Estilo: cuando la atmósfera es el verdadero protagonista

Aquí no hay florituras gratuitas. El estilo de Du Maurier es directo, descriptivo y visual, con una economía de recursos que no sacrifica la intensidad. El paisaje de Cornualles se convierte en un espejo del alma de Mary: agreste, hostil, pero también magnético.

La autora domina el arte de lo gótico sin caer en clichés: no hay castillos derruidos ni fantasmas con cadenas, pero «La posada Jamaica» es igual de inquietante. El miedo no viene de lo sobrenatural, sino de lo humano: la violencia de Joss, la debilidad de Patience, la soledad de Mary.

IV. Personajes: un zoológico humano muy bien escogido

Mary Yellan: nuestra heroína. No es la típica damisela en apuros; es fuerte, testaruda, pero también humana en sus contradicciones. Ella misma declara:

No quiero amar como una mujer, ni sentir como una mujer (…) Significa dolor, sufrimiento y miseria por toda la vida.

El problema es que, como bien sabe cualquier lector de novelas góticas, cuanto más se niega alguien al amor, más probable es que acabe atrapado en él. Y Mary, claro, no iba a ser la excepción.

Joss Merlyn: el tío más temido de la literatura inglesa. Violento, cruel, y con la sutileza de un troll de montaña. Aun así, Du Maurier lo dibuja con matices: no es solo maldad pura, sino también un hombre corroído por sus propios demonios.

Patience: la tía sumisa que alguna vez fue alegre y vital, hasta que el matrimonio con Joss la convirtió en un espectro humano. Su evolución es casi una advertencia: lo que podría pasarle a Mary si se deja doblegar.

El jinete misterioso (no haré espóiler, pero ya se lo imaginarán): el contrapunto masculino que despierta en Mary sentimientos encontrados, a medio camino entre la repulsión y el deseo. Aquí es donde la novela brilla psicológicamente: ¿puede uno odiar y amar al mismo tiempo? Pues Mary parece empeñada en demostrarnos que sí.

Y, de fondo, ese universo de campesinos, contrabandistas y autoridades corruptas que completan un fresco social nada halagador.

V. Temas: más allá del contrabando

Aunque en apariencia se trata de una novela de aventuras y misterio, «La posada Jamaica» aborda temas mucho más profundos:

La condición femenina: Mary no quiere ser como las demás, pero vive en un mundo que no le deja espacio. El mensaje de la sociedad es claro:

Una chica no puede vivir sola, Mary, porque se vuelve loca o mala.

La pregunta que deja Du Maurier flotando es: ¿qué pasa con las mujeres que no aceptan ese destino?

La atracción del mal: lo prohibido y lo peligroso ejercen un magnetismo inevitable. La propia relación de Mary con el jinete misterioso encarna esta tensión.

La opresión del poder masculino: Joss encarna el dominio brutal, mientras Patience muestra lo que ocurre cuando la sumisión se convierte en rutina. Mary, en cambio, lucha por no repetir esa historia.

La soledad y el desarraigo: la novela no es solo aventura, sino también un retrato de lo difícil que es mantener la cordura cuando no tienes un lugar al que pertenecer.

VI. Estructura narrativa: una trampa bien diseñada

La novela sigue una estructura bastante lineal, pero lo que la hace interesante es la progresión del suspense. El inicio plantea la llegada de Mary como si entrara en un territorio desconocido; luego, cada capítulo la hunde un poco más en los secretos de la posada. El clímax, con sus giros inesperados, demuestra que Du Maurier ya sabía manejar el arte de la sorpresa mucho antes de escribir Rebeca.

VII. ¿Y los premios?

Pues aquí está la ironía: «La posada Jamaica» no ganó premios literarios rimbombantes. Pero sí ganó algo mejor: la atención del público y la fama suficiente para que Alfred Hitchcock la adaptara al cine en 1939. Y si Hitchcock se fija en tu obra, algo bien habrás hecho.

VIII. Conclusión: ¿vale la pena leerla?

Absolutamente. «La posada Jamaica» no es solo un thriller gótico con contrabandistas y páramos embrujados por la niebla. Es una exploración de la condición femenina, de la atracción por el peligro y de las contradicciones del alma humana. Además, tiene esa deliciosa mezcla de romanticismo oscuro y aventura que hace que uno lea con el corazón encogido y, al mismo tiempo, con una sonrisa irónica.

Daphne du Maurier quizá no pensaba en premios cuando escribió esta novela, pero dejó claro que tenía madera de grande. Y Mary Yellan, con su terquedad y sus dudas, sigue siendo un personaje con el que es imposible no simpatizar.

Eso sí, si alguna vez les invitan a pasar una noche en la posada Jamaica, hagan caso a su instinto: mejor reserven en un motel cualquiera.