«Corazón tan blanco», Javier Marías

Puntuación: 5 de 5.

A veces tengo la sensación de que lo que se da es idéntico a lo que no se da, lo que descartamos o dejamos pasar idéntico a lo que tomamos y asimos, lo que experimentamos idéntico a lo que no probamos, y sin embargo nos va la vida y se nos va la vida en escoger y rechazar y seleccionar, en trazar una línea que separe esas cosas que son idénticas y haga de nuestra historia una historia única que recordemos y pueda contarse, sea al instante o al cabo del tiempo, y así ser borrada o difuminada, la anulación de lo que vamos siendo y vamos haciendo.

Corazón tan blanco, Javier Marías

Todo lo que no se dice, lo que se intuye, y lo que uno se inventa para sobrevivir en pareja

I. Uno de los mejores comienzos que he leído

No sé si exagero —bueno, sí lo sé, pero me da igual—: «Corazón tan blanco» tiene uno de los comienzos más impactantes y literariamente perfectos que he leído en mi vida. A las pocas líneas, Marías ya te suelta esto: una mujer se pega un tiro en el corazón en el baño, justo después de volver de su luna de miel y justo delante de su padre. Ahí es nada. Es como si la novela te dijera: ¿Estás cómodo? Perfecto. Ahora prepárate para una dosis prolongada de incomodidad existencial.

Ese inicio no solo atrapa, sino que marca el tono emocional y filosófico del resto de la novela. El narrador, Juan, hijo de ese hombre (y cuñado de la suicida), va descubriendo, a su manera parsimoniosa pero muy lúcida, que la vida está llena de secretos, y que el pasado siempre susurra —a veces grita— desde algún rincón que uno preferiría no explorar. Y lo hace con una voz narrativa que no se parece a ninguna otra.

II. Trama (si se le puede llamar así)

¿De qué va «Corazón tan blanco»? Buena pregunta. Y difícil. No es una novela de trama, sino de pensamiento. Pero aún así, aquí va un intento:

Juan, traductor e intérprete, se ha casado hace poco con Luisa. Durante sus tareas de traducción y su vida conyugal, comienza a sospechar que hay cosas en su familia —especialmente relacionadas con su padre, Ranz— que nunca le han sido contadas. Y claro, la curiosidad es un agujero sin fondo: cuanto más se sabe, más se quiere saber… y más se desea no haber sabido nunca nada.

En medio de sus reflexiones (muchas, largas, bellas, repetitivas, gloriosas), aparecen escenas deliciosamente absurdas: desde un hombre que confiesa un asesinato mientras Juan traduce, hasta una mujer desnuda con auriculares que le pide que no la mire, pasando por conversaciones sobre Fidel Castro, la ópera o lo que significa realmente «saber algo».

III. Estilo: la belleza del paréntesis eterno

Leer a Javier Marías es como meterse en una piscina tibia de frases larguísimas que a veces no sabes si van a acabar o si te has perdido ya en una subordinada del párrafo anterior. Pero lo increíble es que funciona. Es hipnótico. Su forma de escribir es digresiva, obsesiva, elegante, irónica, profunda, y a veces —sí, lo digo— divertidísima sin proponérselo.

No hay diálogos al uso. Hay pensamientos. Reflexiones. Idas y vueltas. Marías no quiere que llegues rápido al punto, quiere que te pierdas en el camino, que te detengas en cada desvío filosófico que se le ocurra al narrador. Y tú, lector feliz (y con buen café a mano), aceptas el juego.

IV. Los personajes: seres pensantes y contenidamente rotos

Juan es un narrador que desconfía del lenguaje… siendo traductor. Ahí ya tienes un conflicto glorioso. Sabe que todo lo que dice puede ser malinterpretado, manipulado o, peor aún, usado contra uno mismo años más tarde. Su evolución no es tanto una transformación como un descenso lúcido hacia el escepticismo absoluto.

Su padre, Ranz, es un personaje fascinante. Elegante, frío, escurridizo. Su historia está rodeada de silencios y zonas oscuras. Cuando al fin habla (cosa que no hace mucho), uno se da cuenta de que, efectivamente:

Nadie me dijo nunca que la pena fuera una sensación tan parecida al miedo.

Luisa, su mujer, es la otra cara del espejo: le gusta hablar, saber, compartir. Pero incluso ella guarda cosas, y Juan lo intuye. Porque todos lo hacemos, ¿no? Como dice el narrador:

Todo el mundo obliga a todo el mundo, no tanto a hacer lo que no quiere, sino más bien lo que no sabe si quiere.

Brillante. Aterrador. Cotidiano.

V. Estructura: bienvenidos al palacio mental

La novela está narrada en primera persona, con una cronología deliberadamente enmarañada. Marías no quiere contarte qué pasó, sino cómo se piensa lo que pasó, cómo se recuerda, se sospecha, se imagina. Porque como él mismo nos dice:

Imaginar evita muchas desgracias, quien anticipa su propia muerte rara vez se mata, quien anticipa la de los otros rara vez asesina, es preferible asesinar y matarse con el pensamiento, no deja secuelas ni tampoco huella.

Y así va la novela: alternando momentos del presente, recuerdos, digresiones filosóficas y escenas del pasado que van apareciendo a medida que el narrador se atreve a hacer la pregunta fatal: ¿qué no me han contado?

VI. Temas: lo que se calla, lo que se imagina, lo que ya no se puede recuperar

Hay tantos temas aquí que necesitaríamos una segunda reseña, pero algunos de los principales son:

  • El secreto como motor de la vida familiar
  • El lenguaje como traidor profesional
  • La relación entre el deseo, la culpa y el poder
  • La imposibilidad de conocer del todo a otra persona (ni siquiera a tu pareja, ni siquiera a ti mismo)
  • La memoria, la omisión y el olvido involuntario

Como dice el narrador:

Es lo malo que tiene cuanto nos sucede y no es registrado… luego no hay forma de recuperarlo.

Y eso, por si te lo preguntabas, es uno de los grandes terrores de la vida adulta.

VII. Premios y reconocimiento

«Corazón tan blanco» recibió el Premio de la Crítica en España en 1993 y fue un éxito internacional rotundo. Se tradujo a decenas de idiomas y fue clave para el reconocimiento mundial de Javier Marías como uno de los grandes escritores europeos de finales del siglo XX.

También fue elegido Libro del Año por el Times Literary Supplement y por medios como The Independent o Le Monde. Vamos, que si no te gusta, algo está fallando… probablemente en ti.

VIII. Mi veredicto personal

He leído otras novelas de Javier Marías y me han gustado, sí. Pero «Corazón tan blanco» es, de momento, la que más me ha gustado. Me ha fascinado su estilo, su forma de pensar, su voz narrativa que se mete en tu cabeza y no te suelta.

Tiene párrafos que uno querría enmarcar y colgar en la cocina. Es una novela para releer, para subrayar (¡gracias por las citas!), y sobre todo para recomendar con vehemencia a quienes no tienen miedo de pensar un poco más de la cuenta mientras leen.

IX. En resumen…

  • Novela más reflexiva que argumental
  • Estilo hipnótico, exigente y brillante
  • Personajes misteriosos, llenos de silencios
  • Frases que valen oro
  • Una meditación sobre el matrimonio, el lenguaje, la muerte y la memoria
  • De lo mejor de Javier Marías
  • Requiere atención, pero recompensa con creces

Si te animas con Marías, que sea con esta. Pero eso sí: prepara café, ponte cómodo y acepta que te vas a perder en frases larguísimas mientras reflexionas sobre tus propias miserias. Como debe ser.