«La anomalía», Hervé Le Tellier

Puntuación: 4 de 5.

A pesar de todo, no me gusta demasiado la palabra «destino». No es más que una trampa que dibujamos sobre el lugar donde se ha clavado la flecha.

La anomalía, Hervé Le Tellier

El día que la realidad hizo «copiar y pegar»

I. Cuando la literatura hace doble clic en el universo

¿Te imaginas que, sin previo aviso, apareciera otra versión de ti, exactamente igual, con los mismos recuerdos, los mismos traumas y hasta los mismos errores de ortografía? Pues en «La anomalía», eso no solo ocurre, sino que lo hace con una sincronía perturbadora y una gracia literaria que alterna entre lo filosófico, lo hilarante y lo profundamente humano.

Hervé Le Tellier —matemático, escritor y miembro de ese club de cerebritos experimentales que es el Oulipo— se llevó el Premio Goncourt 2020 con esta novela que mezcla ciencia ficción, comedia negra, crítica social, drama existencial y, por momentos, thriller de aeropuerto con nombre rimbombante. Pero que nadie se engañe: detrás de su premisa delirante se esconde una meditación feroz sobre quiénes somos y qué narices haríamos si el universo nos pusiera frente a… nosotros mismos.

Sí, hay un avión que se duplica. Pero lo importante no es el «qué», sino el «y ahora qué demonios hacemos con esto».

II. Estructura narrativa: el arte de empezar veinte veces sin perder el hilo

Le Tellier no tiene prisa. La novela comienza con lo que parece un desfile de personajes sin relación entre sí: una editora con una pareja tan intensa como un perfume barato, un arquitecto que lleva la crisis de los cuarenta con una mezcla de estoicismo y Prozac, una cantante pop, un asesino a sueldo con tiempo libre y un escritor deprimido que por supuesto ha titulado su libro «La anomalía». Sí, hay metaliteratura. No, no es gratuita.

Durante las primeras 100 páginas uno puede tener la sospecha —confesémoslo— de estar leyendo una antología de relatos mal encuadernada. Pero entonces el avión aparece. Y todo cambia.

Ese vuelo París–Nueva York, que pasó por una tormenta de las que hacen rezar hasta al capitán, aterriza en marzo de 2021. Y luego… vuelve a aterrizar en junio. Mismo avión. Mismos pasajeros. Mismo universo. O quizás no.

Le Tellier despliega una estructura coral perfectamente engranada, donde cada historia funciona como pieza de un puzle narrativo y emocional. ¿El truco? Que cada personaje, además de tener una voz propia, evoluciona —o se descompone— al enfrentarse a su doble.

III. Estilo: entre el ingenio y la patada en el pecho emocional

El estilo de Le Tellier es difícil de clasificar, y eso es lo más refrescante. Tan pronto se lanza a un diálogo irónico de comedia romántica como a una disertación sobre física cuántica que haría sonreír a Schrödinger (y a su gato). Usa el humor con la precisión de un bisturí: no para quitar importancia, sino para diseccionar sin anestesia.

Ejemplo de esto es cuando un personaje afirma, sin pestañear:

Que te llegue el éxito a los cincuenta es como que te traigan el kétchup con el postre.

Una frase que resume la experiencia de la vida moderna mejor que la mitad de los manuales de autoayuda en circulación.

La novela también tiene momentos de pura lucidez existencial, como cuando uno de los personajes dice:

Amar es no poder evitar que el corazón pisotee a la inteligencia.

Que es, admitámoslo, lo más realista que se ha dicho sobre el amor desde que Shakespeare decidió que lo suyo era el drama.

IV. Los personajes: humanos, demasiado humanos… y duplicados

Uno de los grandes méritos de la novela es que no todos los personajes reaccionan igual a encontrarse consigo mismos. Algunos se reconcilian. Otros se odian. Algunos intentan aprovechar la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva. Otros, simplemente, se hunden.

Hay escenas desgarradoras, como la de la niña negra que se encuentra con su doble y experimenta por primera vez que alguien la comprende sin que medie la palabra. O la de ese personaje que vive una relación pasional y destructiva, y que al enfrentarse al recuerdo duplicado dice:

Tu deseo me agobia. Has conseguido anular el mío.

Una frase que no necesita explicación; solo un suspiro largo. Hay también una crítica feroz a la psiquiatría institucional, al poder, al dogmatismo religioso, y a la esperanza como forma de opresión:

— Se trata de Elpis, la Esperanza. El peor de todos los males. Y es que la esperanza nos impide actuar, la esperanza alarga la desdicha de los hombres, pues «todo se arreglará», ¿no es cierto? Lo que no debe ser no puede ser… La auténtica pregunta que deberíamos hacernos siempre es: «¿En qué me beneficia adoptar tal o cual punto de vista?»

Sí, esta novela filosofa mientras se ríe. Lo mejor de dos mundos.

Cuando entra en juego la parte científica, Le Tellier se permite un salto aún más atrevido: invitar a la humanidad a mirarse en un espejo, no desde la culpa, sino desde la posibilidad. ¿Somos dueños de nuestras decisiones o simples líneas de código reescribibles?

Y claro, mientras leía, no pude evitar hacerme la pregunta inevitable: ¿cómo reaccionaría yo si me pasara algo así? ¿Podría soportar otro «yo»? ¿Me caería bien? ¿Nos llevaríamos a cenar o acabaríamos bloqueándonos mutuamente en WhatsApp? La verdad, no lo tengo muy claro. Hay días en los que no me aguanto ni a mí mismo, así que no quiero imaginar lo que sería convivir conmigo en modo espejo existencial. Aunque, pensándolo bien, tal vez mi doble podría encargarse de las reuniones sociales y dejarme a mí en casa leyendo. Podría funcionar.

V. Temas: identidad, libre albedrío, duplicidad y… terapia de grupo universal

En el fondo, «La anomalía» habla de algo muy básico: de lo jodidamente difícil que es vivir. Y más aún cuando tienes que hacerlo dos veces. Nos plantea cuestiones como:

  • ¿Sigo siendo yo si mi «yo» de hace tres meses toma otra decisión?
  • ¿Podríamos perdonarnos a nosotros mismos si tuviéramos la oportunidad?
  • ¿Qué pasaría si el mundo supiera, con pruebas, que la realidad no es lo que creemos?

Y también se mete con temas candentes: el poder militar, la religión como control, el sensacionalismo mediático, el dolor mental. Como dice uno de los personajes:

Nadie se suicida, ¿no se lo han enseñado? Lo que hay es gente atormentada que se libra matando a su maltratador.

Este nivel de profundidad no es decorado: es el núcleo emocional de la novela.

VI. Conclusión: un experimento brillante que se siente demasiado real

«La anomalía» no es una novela perfecta, pero sí una novela necesaria. Es de esos libros que uno empieza como quien hojea un entretenimiento veraniego, y acaba subrayando con una ceja levantada y el corazón encogido. No da respuestas fáciles, y probablemente no las busca. Pero su mayor logro es este: hacer que el lector se mire a sí mismo, y se pregunte qué haría si tuviera una segunda oportunidad… consigo mismo.

¿La recomiendo?
Con entusiasmo, pero con una advertencia: no vuelvas a subirte a un avión sin preguntarte si ya aterrizaste hace tres meses.