«La amiga estupenda», Elena Ferrante

Puntuación: 1.5 de 5.

La vida era así y punto; crecíamos con la obligación de complicársela a los demás antes de que nos la complicaran a nosotras.

La amiga estupenda, Elena Ferrante

Vale, vamos a hablar claro: «La amiga estupenda» me ha parecido todo lo contrario a estupenda. De hecho, pocas veces me he aburrido tanto leyendo una novela tan aclamada. Lo intenté, lo juro. Le di más de doscientas páginas, que no es poco para un relato en el que no pasa absolutamente nada interesante. Nada. Solo el monólogo infinito de una narradora que, más que contarnos su vida, parece estar dándose autobombo mientras sufre una crisis existencial larguísima y crónicamente plana.

La historia gira en torno a dos amigas de un barrio pobre de Nápoles en los años 50, lo cual en principio suena interesante… hasta que una descubre que una de las amigas (Lenù, la narradora) se dedica exclusivamente a idolatrar a la otra (Lila), una especie de genio incomprendido, repelente, manipuladora y egocéntrica que no se sabe muy bien qué ha hecho para merecer tanto halago. En serio, ¿qué le ve? Yo no lo sé. Y tras doscientas páginas, sigo sin saberlo. A veces me daba la sensación de que Elena Ferrante quería que Lila me cayera bien por decreto, como si su sola presencia fuera suficiente para justificar una saga entera. Espóiler: no lo es.

¿Y la prosa? Pesada. Repetitiva. Narrativamente plana. Más que estar leyendo una novela, sentía que estaba atrapado en una conversación con alguien que solo sabe hablar de sí mismo y de lo especialísima que es su amiga. Y claro, cuando una historia no te atrapa, los defectos se multiplican: la ambientación se queda a medio gas, la crítica social se insinúa pero no se desarrolla, y la tensión dramática… bueno, si es que en algún momento la hubo, a mí me pilló bostezando.

He leído por ahí que «La amiga estupenda» es una obra maestra, una joya literaria, un retrato exquisito de la amistad femenina. A mí me ha parecido una castaña con ínfulas. No tengo la más mínima intención de seguir con la saga. Y si alguien me vuelve a recomendar a Elena Ferrante, probablemente desconfíe de su criterio lector para siempre.