«La deseada», Maryse Condé

Puntuación: 4.5 de 5.

Excepto la felicidad, nada es esencial.

La deseada, Maryse Condé

Una bofetada emocional en clave caribeña que no vas a olvidar.

Si tuviera que elegir solo un libro de Maryse Condé para llevarme a una isla desierta —y conociéndola, probablemente sería una isla con esclavitud, abandono materno y traumas coloniales—, sin duda sería «La deseada». Esta novela es, a día de hoy, el libro que más me ha gustado de Condé, y eso que ella no escribe novelas precisamente para hacerte sentir abrazado y calentito por dentro. No, Condé te lanza a un abismo existencial caribeño con una copa de ron en la mano y una bofetada emocional en la otra. Y «La deseada» es, sin duda, su golpe más certero desde mi punto de vista (bueno, de momento porque todavía me quedan bastantes libros suyos por leer).

Trama: ¿Quién soy, quién fue mi madre?

La novela gira en torno a Marie-Noëlle, una mujer nacida del misterio, la vergüenza y una maternidad fallida. Su madre, Reynalda —nombre de diva caribeña, carácter de esfinge griega—, la abandona nada más nacer, dejándola a cargo de una familia adoptiva con más silencios que palabras. ¿Y qué hace Marie-Noëlle con esa herida? Pues lo que haría cualquiera con una madre que la dejó en manos ajenas: obsesionarse enfermizamente con encontrarla y entenderla, aunque eso signifique descubrir cosas que uno no quiere saber ni de su suegra, ni de su gato.

Lo más interesante aquí no es la acción (que no es precisamente trepidante), sino el lento pero implacable deshielo emocional de los personajes. Marie-Noëlle viaja por los pasillos del pasado, los callejones del deseo y los túneles de la frustración con la determinación de una heroína romántica, pero sin romanticismo. El amor no existe aquí como redención. Existe como un fósil mal conservado.

Narrativa: Saltos temporales y rupturas emocionales

Condé no sigue una estructura tradicional. ¿Para qué? La linealidad es para los cuentos felices y «La deseada» no va de eso. La narración se despliega como un mosaico de escenas, recuerdos y testimonios, a veces en primera persona, otras en tercera, mezclando el punto de vista de Marie-Noëlle con fragmentos de la historia de Reynalda. El resultado es como mirar por una mirilla a través de un caleidoscopio: a ratos no entiendes nada, pero no puedes dejar de mirar.

La forma narrativa se parece a la memoria misma: fragmentaria, contradictoria, selectiva. Y en esa forma de contar, Condé nos obliga a enfrentarnos a una verdad incómoda: que a veces la historia que buscas no es la que necesitas. Ni la que te va a hacer sentir mejor.

Estilo: Lírico, cortante y con mala leche

El estilo de Condé en esta novela es como una flor con espinas: bello, pero cuidado cómo la tocas. Tiene frases que te dejan sin aire, como esta joya devastadora:

Para el niño que crece sin el amor de su madre, no existe en la tierra una sola sombra bajo la que cobijarse. El sol lo quema. Le abrasa el alma y el corazón por completo. Lo mata de sed. Le ciega los ojos. Crece sin amigos. No mira a las niñas. No juega ni consigo mismo. La vida es para él un tormento.

Y no solo duele, sino que te lo dice con una lírica tan cruel que da rabia lo bien que escribe. Hay momentos en que la novela parece detenerse solo para darte una lección sobre dolor, soledad o injusticia. ¿Te gusta sufrir con elegancia? Este es tu libro.

Condé, además, lanza reflexiones sociales con una puntería quirúrgica. Una de las frases que más me retumbó fue:

No obstante, si algo nos enseñó la esclavitud es que precisamente los buenos son los más odiados. En el transcurso de las revueltas, son los primeros en morir degollados. Con su sangre derramada se inaugura la libertad.

Y ahí lo tienes. En una línea, la autora resume siglos de historia y te deja mirando la pared en silencio. Porque sí, en este libro hasta los silencios pesan.

Personajes: Heridas abiertas con nombre propio

Marie-Noëlle no es una heroína tradicional. Es frágil, testaruda, un poco masoquista emocional y, sobre todo, desesperadamente humana. Su evolución es dolorosa y a veces frustrante —como ver a alguien intentar reparar una casa derrumbada con cinta adhesiva emocional—, pero completamente verosímil.

Reynalda, por su parte, es un personaje que se resiste a cualquier tipo de empatía fácil. ¿La odias? ¿La entiendes? ¿La compadeces? ¿Todo al mismo tiempo? Posiblemente. Condé construye su figura con un misterio que no se resuelve del todo, porque en la vida real tampoco hay cierres perfectos.

Y lo mejor (o lo peor, según el día) es que nadie en esta novela parece saber amar del todo bien. Como dice el libro:

Ya nada podía cambiar entre ellas porque el amor se aprende nada más nacer, y no hay manera de corregir los malos hábitos de un corazón adulto.

Por favor, alguien que se lo tatúe en la frente antes de lanzarse a criar hijos en una novela de Maryse Condé.

Temas: Maternidad, abandono y la alegría de no saber quién eres

Los temas centrales son, cómo no, la maternidad fallida, el abandono, la identidad, la herencia emocional, y el legado del colonialismo. La novela es, en el fondo, una gran pregunta: ¿qué hace una hija cuando no puede amar a su madre, ni dejar de necesitarla?

«La deseada» no ofrece respuestas fáciles. Ni siquiera ofrece consuelo. Es más bien un espejo roto en el que te ves reflejado desde ángulos que no sabías que existían.

Conclusión: Mi favorito de Condé y posiblemente el más punzante

Podría hablarte de cómo esta novela se te queda pegada como humedad emocional, o de cómo Maryse Condé logra con unas pocas frases desestabilizar toda tu idea de lo que es una familia. Pero lo diré así: «La deseada» es, sin duda, el libro que más me ha gustado de Maryse Condé. Porque es crudo sin ser melodramático, poético sin ser cursi, y cruel sin perder la ternura de fondo.

No es una lectura fácil ni ligera, pero si buscas una historia que te zarandee el alma y te haga replantearte lo que significa ser hijo, madre o simplemente humano, este libro es para ti.

Eso sí, después necesitarás una infusión de valeriana. Pero sobre todo, estar cerca de tu madre para abrazarla.