«El despertar del Leviatán», James S. A. Corey

Puntuación: 4 de 5.

—Existe una decisión correcta —dijo Holden.
—No tienes una decisión correcta, amigo —dijo Miller—. Tienes un montón de opciones que quizá sean un poco menos incorrectas.

El despertar del Leviatán, James S. A. Corey

Me apetecía leer una saga de space opera. Algo que me enganchara, que tuviera acción, personajes interesantes y, sobre todo, que no me calentase demasiado la cabeza con tecnoblabla innecesario. Así que decidí empezar con «The Expanse», de James S. A. Corey. Ya conocía la serie —que me encantó hasta que, por razones ajenas a la historia (ejem, Amazon), decidieron dejarla en órbita baja—, y tenía curiosidad por ver qué tal estaba el libro. Y debo decir que no ha sido una mala elección: me ha gustado tanto como la serie. A veces incluso más.

James S. A. Corey —alias el tándem formado por Daniel Abraham y Ty Franck, que probablemente tienen más talento colaborativo en una uña que yo en todo mi sistema nervioso— nos lanza a una space opera moderna con naves que no hacen «pew pew» sino que respetan la física (más o menos), con una tensión política tan suculenta como una campaña electoral marciana, y con personajes que, para variar, tienen más capas que una cebolla… una cebolla emocionalmente inestable.

Trama: una chica desaparecida, un jugo marrón sospechoso y una catástrofe interplanetaria

La historia arranca con la desaparición de Julie Mao, una joven rebelde con dinero y conciencia social (una combinación rara, casi mitológica), y desde ahí todo se va al infierno… pero de forma elegante. En el camino nos cruzamos con dos tramas paralelas: la del comandante James Holden, un boy scout espacial con complejo de mártir, y la del detective Joe Miller, el clásico sabueso venido a menos, alcohólico, con gabardina y sombrero (muy de novela negra, incluso escucha jazz) y una obsesión romántica —y algo espeluznante— con la desaparecida.

Holden descubre una nave abandonada, la Scopuli, y hace lo que cualquier persona responsable no haría: lo retransmite todo por streaming. A partir de ahí, empieza una guerra fría interplanetaria que se calienta muy rápido, y Miller… bueno, Miller se obsesiona y empieza a oír voces. Como buen noir, claro.

La historia explora el misterio de la protomolécula, un organismo alienígena que transforma cuerpos en pesadillas existenciales, y plantea una pregunta muy sencilla: ¿deberíamos seguir esparciendo la humanidad por el espacio si no sabemos ni vivir en el Sistema Solar sin matarnos?

Estilo: directo, seco, sin florituras… como una patada en gravedad cero

El estilo de Corey es narrativamente funcional, lo cual no es un insulto: va al grano, describe lo justo y lanza frases lapidarias como quien reparte tiros con munición moral. La narración alterna entre capítulos de Holden y Miller, lo cual ofrece un buen contraste: Holden es idealista hasta la idiotez; Miller es un nihilista que haría llorar a Sartre.

Algunos de tus subrayados lo demuestran perfectamente. Frases como:

El crimen organizado será lo que tú quieras, pero por lo menos es organizado.

Me hizo mucha gracia, que le vamos a hacer, soy de risa fácil. Mientras que otras, como:

La apariencia tranquila de los muertos no dejaba de sorprender a Miller. Por muy terribles que hubieran sido las circunstancias de la muerte, al final siempre irradiaban la misma calma que una persona dormida. Le hacía preguntarse si, cuando llegara su turno, llegaría a sentir de verdad esa tranquilidad.

Nos recuerdan que este libro tiene también una carga filosófica melancólica sobre la muerte, la soledad, y lo que significa aferrarse a algo cuando todo a tu alrededor está colapsando.

Personajes: evolución a base de traumas, disparos y decisiones cuestionables

En cuanto a los personajes, encontramos de todo. Holden empieza siendo el Capitán América con traje espacial: moral rígida, cero filtro, y la certeza de que la verdad siempre es buena. Espóiler: no lo es. Al final del libro, su visión se tambalea, pero le queda camino.

Miller, en cambio, es oro puro. Su descenso es triste, creíble, y cuando finalmente se funde con la historia de Julie (de forma literal y metafísica), es poético. Cree en la justicia, pero a su manera. Y su evolución culmina con una serenidad perturbadora:

Las estrellas son un lugar mejor sin nosotros.

Pues sí, Miller, así es.

Amos, en el libro, es más contenido. Tiene el aire de un tipo peligroso pero leal, como un perro entrenado que te da miedo pero también te cae bien. En la serie… bueno, es básicamente un sociópata que da mucho más miedo, y eso lo hace más interesante, pero también más difícil de empatizar. Punto para el libro: aquí te cae mejor.

Naomi es la que mantiene la nave, la tripulación y probablemente el universo entero en funcionamiento mientras los demás toman decisiones cuestionables con cara de drama. En el libro, Naomi es mucho más reservada y menos desarrollada que en la serie, aunque ya se ve que es el pegamento emocional e intelectual del equipo. En vez de soltar discursos, observa, piensa y arregla cosas. También pone los ojos en blanco con una elegancia admirable cuando Holden entra en modo «héroe moralizador».

Alex es el piloto de la Rocinante, exmilitar marciano, con acento texano y la energía tranquila de alguien que ha visto demasiado y solo quiere una buena taza de té y un vuelo sin explosiones. En el libro es amable, leal y siempre está dispuesto a echar una mano, pero tampoco se profundiza demasiado en él todavía.

Temas: política, colonización, clase social y lo poco fiables que somos como especie

Uno de los mayores logros del libro es cómo te mete en un sistema solar geopolíticamente complejo sin que necesites un mapa con banderas (aunque ayuda). Tierra, Marte y el Cinturón de Asteroides están en una paz tensa, y en cuanto aparece una excusa, BOOM: gritos, disparos, y gente flotando sin cabeza.

La novela habla de privilegio, explotación, la ética del conocimiento y el caos de la información. Como bien dice:

El problema no es que la gente sepa demasiado, es que no saben lo suficiente.

Y Holden, con sus buenas intenciones, a menudo empeora las cosas al soltar información sin contexto. Un reflejo muy realista del mundo moderno, por cierto.

Comparación con la serie The Expanse: las adaptaciones y los añadidos que funcionan (y los que no tanto)

La serie de The Expanse, que adapta este libro, hace algunas jugadas inteligentes. Lo más notable: incorpora a Chrisjen Avasarala, esa diosa política vestida de sari y veneno verbal. En el libro no aparece, no sé si en los siguientes libros lo hará o es invención de la serie. Ojalá aparezca porque su ausencia se nota. La serie acierta de lleno al meter la política terrestre desde el minuto uno. Punto para la serie.

También expande (sí, lo siento) algunos conflictos entre las facciones políticas y añade tramas paralelas que hacen el universo más denso y complejo. Visualmente, además, es espectacular y fiel a la física: el uso del silencio en el espacio, las diferencias de gravedad, etc., están muy bien logrados.

Sin embargo, en cuanto a desarrollo interno, los libros tienen ventaja. La evolución de Miller, por ejemplo, es mucho más rica y oscura en el papel. Y Amos, como ya dijimos, es más humano en la novela, menos asesino zen con bíceps de acero.


Conclusión: un comienzo explosivo para una saga espacial imprescindible

«El despertar del Leviatán» es una novela que funciona como thriller, como crítica social, como drama humano y como puro entretenimiento. Tiene sus fallos: algunos momentos se alargan más de lo necesario, y Holden puede resultar frustrante. Pero su equilibrio entre ciencia ficción, filosofía ligera, personajes sólidos y tensión narrativa lo convierten en un gran inicio de saga.

¿Te va a cambiar la vida? Ni de lejos. ¿Te va a hacer mirar con desconfianza cualquier sustancia extraña que encuentres en tu baño? Absolutamente. Pero te va a distraer y entretener. Y eso, es todo un logro.