«Los libros del Tao», Lao Tsé

Puntuación: 5 de 5.

El sabio no acumula,

obra enteramente para los otros,

y posee cada vez más;

lo da todo a los demás,

y tiene más cada vez.

De ahí el Tao del Cielo

traer provecho y no daño;

y el Tao del hombre:

actuar y no contender.

Los libros del Tao, Lao Tsé

Leer «Los libros del Tao» de Lao Tsé es como intentar abrazar la niebla: crees que la tienes, que la entiendes, que la puedes explicar… y justo en ese momento, se te escurre entre los dedos con una risita filosófica. Pero ahí está la gracia. No estás leyendo un manual de instrucciones para la vida —esto no es IKEA espiritual—, sino una especie de poesía zen escrita por alguien que probablemente habría sido expulsado de cualquier tertulia actual por responder a todo con frases tipo: «Saber no es saber. No saber, ese sí que es saber».

El núcleo del libro, el Tao Te Ching, es una colección de 81 capítulos brevísimos que podrían confundirse con haikus crípticos si no llevaran dos milenios enseñando a generaciones enteras a no hacer nada… pero hacerlo bien. Lao Tsé —que, por cierto, puede que ni siquiera haya existido como una sola persona, sino como varios sabios bajo un mismo nombre— nos deja claro desde el principio que el Tao, «el camino» no se puede describir. El que se describe no es el verdadero Tao. Así que ya vas avisado: si lo entiendes del todo, probablemente lo estás entendiendo mal.

Y sin embargo, funciona.

Funciona porque tiene una especie de sabiduría que no grita, no da lecciones, no busca seguidores. Lao Tsé no quiere convertirte en un gurú iluminado ni en un influencer del minimalismo. Te dice cosas como: «El sabio no acumula. Cuanto más hace por los demás, más tiene». ¿Qué haces tú con eso? Bueno, primero lo subrayas, luego intentas aplicarlo y, tras varios fracasos, vuelves a leerlo y descubres que ahora te dice otra cosa distinta. El texto se comporta como un espejo del momento vital en el que lo lees. No es que el libro cambie, es que tú sí.

Una de sus enseñanzas estrella es el famoso «Wu wei», que se suele traducir como «no acción» o «acción sin esfuerzo». Es decir: hacer las cosas sin oponerse al flujo natural. Suena bonito, aunque puede dar la excusa perfecta para no lavar los platos nunca más («Estoy fluyendo con el Tao, cielo»). Pero no, no es pasividad. Es sabiduría activa. Es saber cuándo moverse y cuándo dejarse llevar. Es la diferencia entre remar a contracorriente con desesperación o dejarte llevar por la corriente porque sabes que no puedes controlar el río.

Otra joyita del Tao es cómo habla del liderazgo. ¿Tú crees que un buen líder es el que manda fuerte y claro, ¿no? Pues no. Lao Tsé dice que el mejor líder es aquel que, cuando termina su trabajo, el pueblo dice: «¡Lo hicimos nosotros!». Imagina decirle eso a tu jefe. Lao Tsé no solo desmonta el ego, lo desinfla como un globo olvidado en una fiesta de cumpleaños de hace tres semanas.

Y así con todo.

Cada frase es una especie de bofetada suave al sentido común, una provocación amable para dejar de pensar tanto y empezar a vivir más. Hay algo profundamente liberador en aceptar que no tienes que tenerlo todo claro. Que puedes no saber, que puedes no controlar, que puedes simplemente estar, respirar, observar… y ya. De pronto te das cuenta de que este libro no te dice qué pensar, sino que te enseña a mirar el mundo con otros ojos. Y eso, aunque suene cursi, es una maravilla.

En resumen:

«Los libros del Tao» son como ese viejo sabio que no busca seguidores, pero acaba teniendo miles. No es un libro para leer de corrido ni para subrayar compulsivamente como si te fueras a examinar. Es un texto para dejar en la mesita de noche, al lado del té y de tus dudas existenciales, y abrirlo cuando estés a punto de gritarle al universo “¡¿Por qué todo es tan complicado?!”. Spoiler: el Tao no te va a dar respuestas. Pero te va a enseñar a hacer las preguntas de otra manera.

¿Es confuso? Sí.
¿Es poético? Mucho.
¿Es útil? Solo si estás dispuesto a desaprender.
¿Es aburrido? No… salvo que estés buscando emociones tipo thriller, entonces lo llevas claro.
¿Te va a cambiar la vida? Puede. O puede que simplemente te haga sonreír, cerrar el libro, y decir: “No he entendido nada… pero me siento mejor”. Y eso, en los tiempos que corren, ya es bastante milagro.