«El entenado», Juan José Saer

Puntuación: 3.5 de 5.

Porque la muerte de cada hombre es única y era ese hombre y ningún otro el que se moría. En eso se revelan iguales muerte y recuerdo: en que son, para cada hombre, únicos, y los hombres que creen tener, […], un recuerdo común, no saben que tienen recuerdos diferentes y que están condenados a la soledad de esos recuerdos como a la de la propia muerte

El entenado, Juan José Saer

Juan José Saer no escribió novelas para entretenerte en la sala de espera del dentista. No. Saer te lanza a un río espeso, sin orillas claras, y te dice: «nadá, si podés». Y ahí vas vos, flotando en una prosa densa, hermosa, hipnótica, preguntándote si en realidad entendiste algo o si simplemente estás hechizado. Porque leer «El entenado» es eso: dejarse llevar por una corriente que no siempre tiene destino claro, pero que arrastra con una fuerza magnética.

Publicada en 1983, esta novela es muchas cosas a la vez: una reflexión sobre el tiempo, una meditación sobre la memoria, una crítica feroz a la mirada europea sobre «lo otro», y sí, también, una historia de caníbales. Aunque si viniste buscando acción, tipo «Apocalypto», con persecuciones, flechas y gritos en la selva, ya podés salir. Este no es tu lugar.

De qué va (en teoría)

Un joven huérfano español —anónimo, para colmo— se embarca en una expedición hacia el Nuevo Mundo en el siglo XVI. Lo hace sin mayor motivo que la curiosidad y el hecho de que no tiene nada mejor que hacer. Algo así como un mochilero sin Instagram. Al llegar a América, él y sus compañeros son capturados por una tribu indígena caníbal. A sus compañeros los cocinan (literalmente), y a él lo perdonan por algún misterio que ni él ni nosotros llegamos a entender del todo. Lo adoptan, lo visten raro, le sonríen con dientes afilados, y lo mantienen diez años como observador/sospechoso/mascota antropológica.

Diez años. No cinco días. No un mes. Diez años mirando a los otros, tratando de entender un sistema de signos que no se le revela jamás. Diez años entre rituales de sangre, silencios incómodos y, en el medio, un eclipse que lo cambia todo.

Después de esa década, lo sueltan. Así, sin más. Y él vuelve a Europa convertido en una especie de anciano joven, traumatizado y filósofo sin diploma. A los sesenta años, decide contarnos esta historia, no como una aventura, sino como una serie de interrogantes que todavía lo desvelan.

Sobre el estilo (Saer no te la hace fácil)

Saer escribe como quien está caminando por la niebla: lento, midiendo cada palabra, sabiendo que el paisaje no se ve, pero que el suelo está ahí. Las frases son largas, laberínticas, llenas de digresiones, repeticiones, obsesiones. No porque le guste enredarte —bueno, tal vez un poco sí—, sino porque así funciona la memoria: no como una línea recta, sino como un espiral de temblores.

Esos recuerdos no se presentan en forma de imágenes sino más bien como estremecimientos, como nudos sembrados en el cuerpo, como palpitaciones, como rumores inaudibles, como temblores.

Esto no es narración clásica. Es literatura post-todo. Saer se salta el guion, ignora los actos, deja los diálogos en coma, y te pone frente a frente con lo que la literatura también puede ser: una forma de pensar que se arrastra, que no resuelve, que da vueltas alrededor de un núcleo imposible.

Temas: lo Otro, el tiempo, el lenguaje, la imposibilidad de saber

Si Saer fuera un influencer, sus hashtags serían: #Otredad #TiempoRoto #LenguajeFallido #FilosofíaConSangre.

En «El entenado» no hay traducción, no hay comprensión. El protagonista convive con una cultura que no logra entender, ni por dentro ni por fuera. ¿Y qué hace ante eso? Calla, observa, y escribe después de décadas. La novela nos dice, con brutal claridad: no todo es traducible, no todo es digerible —ni siquiera por los caníbales.

Lo desconocido es una abstracción; lo conocido, un desierto; pero lo conocido a medias, lo vislumbrado, es el lugar perfecto para hacer ondular deseo y alucinación.

Ahí está el verdadero corazón de la novela: no el canibalismo literal, sino el canibalismo simbólico. El deseo de apropiarse del otro, de interpretarlo, de masticarlo intelectualmente. Y el fracaso inevitable de esa empresa. Lo que no entendemos se convierte en deseo, en misterio, en pesadilla.

Y el tiempo, ah, el tiempo. Saer lo convierte en personaje, en enemigo, en fantasma. Para él, el presente es apenas una forma del pasado que se disfraza.

El momento presente no tiene más fundamento que su parentesco con el pasado.

Y ahí estás vos, lector, leyendo la historia de un viejo que recuerda cómo, siendo joven, intentó entender a otros que vivían en un tiempo ajeno. Un bucle. Una trampa. Una genialidad.

Estructura narrativa (o cómo convertir una anécdota en una ópera filosófica)

Podría contarse en cinco páginas. Pero Saer la estira, no por gusto, sino porque en esa extensión se juega el sentido. Todo el libro es un enorme flashback, narrado por un viejo de sesenta años que, en el fondo, no cuenta lo que pasó sino lo que no entiende de lo que pasó.

No hay capítulos. No hay cortes. Es como un monólogo interior que se despliega con solemnidad hipnótica. Y sin embargo, uno sigue leyendo. ¿Por qué? Porque Saer, a su manera, es adictivo. Como mirar fuego lento. Como intentar recordar un sueño que sabemos importante, aunque se nos escapa.

Personajes: uno, ninguno y todos

El protagonista no tiene nombre. La tribu tampoco. Todo está difuminado, como un recuerdo mal enfocado. Porque no importan los nombres, ni los hechos, sino lo que queda adherido al cuerpo: los estremecimientos.

Los otros personajes son sombras. Tipos que desaparecen, que hablan poco, que no se explican. Como en los sueños: están ahí, pero no sabés quiénes son del todo.

Conclusión: ¿vale la pena?

Sí. Si te animás. Si no buscás respuestas sino preguntas. Si estás cansado de novelas que terminan en páginas felices y querés un libro que te acompañe durante años, como un eco en la cabeza.

«El entenado» es, en última instancia, una novela sobre el límite. Del lenguaje, del saber, del tiempo, de uno mismo. Una obra maestra de la literatura en español que no pretende ser comprendida del todo, sino sentida como un murmullo bajo la piel.

Si tienes ganas de pensar, de dudar, de enredarte en frases que se muerden la cola, este es tu libro. Y si no, bueno… siempre puedes volver cuando estés listo para dejarte canibalizar por la literatura.