Impedimenta | 2017 | 320 págs.
#CienciaFicción #Polonia #1968
Bastaba revisar la historia de la ciencia para llegar a la conclusión, científicamente comprobada, de que el futuro estaría determinado por factores ignorados e imprevisibles en el momento presente.
La voz del Amo, Stanisław Lem
No todos los libros te hacen sentir como un intruso en una conversación entre dioses y científicos brillantes con tendencias al insomnio, pero «La voz del Amo» de Stanisław Lem lo logra con una elegancia irritante y, a ratos, maravillosa.
Imaginen esto: un grupo de las mentes más brillantes del planeta se encierra en una base secreta para intentar descifrar un mensaje extraterrestre que llega del espacio profundo. El lector ingenuo, como quien se sienta a ver una peli de Spielberg esperando platillos voladores, se frota las manos pensando: «¡Esto pinta bien, contacto con alienígenas!». Pero no, amigo lector. Lem no está aquí para alimentarte con rayos láser ni civilizaciones avanzadas con orejas puntiagudas. Está aquí para hacerte pensar, sufrir un poco, y reír mientras te das cuenta de lo poco que entiendes del universo y, peor aún, de ti mismo.
En lugar de una historia de acción o exploración espacial, Lem nos entrega una especie de anti-novela de ciencia ficción, donde el misterio del «mensaje alienígena» sirve más como excusa para diseccionar nuestras miserias intelectuales que como nudo narrativo. El narrador, Peter Hogarth, es un matemático cínico y brillante que reflexiona sobre su participación en el proyecto «La Voz del Amo», un intento desesperado de descifrar una supuesta señal inteligente venida del cosmos. Pero más que descubrir algo fuera de este mundo, el equipo acaba topándose, una y otra vez, con los límites del suyo propio.
Porque, y esto es clave en la novela, el verdadero objeto de estudio no es el mensaje sino nosotros mismos. Lem usa la ciencia ficción como un espejo deformante que revela hasta qué punto nuestras herramientas cognitivas, nuestras disciplinas académicas e incluso nuestras pretensiones filosóficas son endebles y, a veces, ridículas.
Hace ya tiempo que se dijo que un especialista era un simple bárbaro cuya ignorancia no era universal.
Escribe Lem con su ironía característica, y uno no puede evitar reír, incómodo, reconociendo que tiene razón.
El estilo de Lem es denso, afilado y profundamente irónico. Cada párrafo parece escrito por un científico harto de sus colegas, un filósofo decepcionado con el mundo, y un humorista nihilista que disfruta viéndonos tropezar con nuestros propios pensamientos. Su prosa no tiene miedo a detenerse en explicaciones largas, digresiones filosóficas o reflexiones ácidas como esta:
El psicoanálisis ofrece verdades de una manera infantil que nos recuerdan a nuestros años escolares… una simplificación chapucera tiene el mismo valor que una mentira.
Aquí Lem no deja títere con cabeza: ni Freud, ni los físicos, ni los filósofos salen ilesos.
Uno de los placeres (y torturas) de la lectura es ver cómo Lem convierte una premisa de ciencia ficción clásica —el contacto con una inteligencia no humana— en una batalla intelectual sin concesiones. Si «Contacto» de Carl Sagan era una carta de amor a la posibilidad de diálogo entre especies inteligentes, «La voz del Amo» es una carta de cinismo lúcido sobre lo imposible de ese diálogo. Donde Sagan veía puentes, Lem ve abismos. Y aun así, ambas novelas comparten una pregunta esencial: ¿cómo traducir lo incomprensible sin contaminarlo con nuestras propias ilusiones?
Lem responde con una mezcla de resignación y sarcasmo: quizá no podamos. Quizá el mensaje alienígena no sea un mensaje en absoluto, o esté tan por encima de nosotros como una sonata de Bach lo está para un hámster. Y sin embargo, seguimos intentándolo. Como dice en uno de sus momentos más brillantes y terrenales:
Si hay algo que podemos afirmar con total seguridad respecto a nuestra propia civilización es que, cuando los primeros emisarios de la Tierra deambulen por la superficie de otros planetas, habrá otros hijos de nuestro globo terráqueo que estarán soñando no con ese tipo de expediciones, sino con un pedazo de pan.
Boom. Realismo 1, utopías espaciales 0.
En definitiva, «La voz del Amo» es una obra fascinante, compleja, irónica y, en ocasiones, agotadora. Una novela de ciencia-ficción dura. No apta para quienes busquen respuestas claras ni personajes entrañables. Es más bien una especie de ensayo disfrazado de novela, o una novela disfrazada de experimento intelectual. Pero si te gustan los desafíos, las preguntas sin respuesta y las carcajadas amargas provocadas por la lucidez, Lem tiene un asiento reservado para ti en su laboratorio de ideas imposibles.
Eso sí: no esperes entender del todo qué demonios decía el mensaje alienígena. Quizá solo quería hacernos tropezar para que, como bien dijo Lem:
Las hormigas que se topan en su camino con un filósofo muerto también salen beneficiadas del encuentro.
Y nosotros, lectores-hormigas, algo nos llevamos. Aunque sea dolor de cabeza.