«La lucecita», Antonio Moresco

Puntuación: 4 de 5.

… cuando el sol desaparece tras la cresta y empieza a oscurecer, y todo este mundo vegetal se vuelve invisible y negro como una gran esponja nocturna, al otro lado, allí al fondo, cada noche, siempre a la misma hora, se enciende de repente la lucecita.

La lucecita, Antonio Moresco

«La lucecita» ha sido mi primer contacto con Antonio Moresco, y lo cierto es que ha sido una grata sorpresa. Llegué a este libro casi por intuición, sabiendo muy poco sobre el autor, salvo que es una figura atípica dentro del panorama literario italiano, con una trayectoria que ha ido a contracorriente y una escritura que muchos consideran inclasificable. Elegí empezar por esta obra por su brevedad y por esa mezcla entre fábula y misterio que parecía prometer… y no me equivoqué.

El relato es simple en apariencia, casi como un cuento para niños: un hombre vive solo en una casa en medio del bosque, apartado del mundo. Cada noche ve una pequeña luz que parpadea a lo lejos, en la montaña de enfrente. Nadie más parece vivir allí. Y un día, impulsado por la necesidad de entender, de llegar al origen de esa lucecita, decide ir hacia ella. No hay más. O mejor dicho: hay muchísimo más.

Lo que empieza como una anécdota mínima se va transformando, poco a poco, en una especie de meditación poética sobre la soledad, la esperanza, el deseo de encuentro, y la necesidad de sentido en un mundo que a veces parece vacío o indiferente. Moresco consigue crear una atmósfera envolvente con un lenguaje contenido, casi somnífero, que repite palabras, estructuras, gestos… como si nos estuviera cantando una canción monótona y al mismo tiempo profundamente emocionante.

Me conmovió mucho esa mezcla de ternura y desolación. El protagonista, sin nombre, es una figura solitaria, casi fantasmal, pero lo que lo mueve —esa lucecita— está lleno de vida, de deseo, de inocencia. Y creo que ahí está lo que más me ha tocado del libro: su forma de hablar del anhelo humano de contacto, de la necesidad de ir hacia el otro, de no resignarse al aislamiento total. En tiempos en los que tantas narrativas se centran en lo ruidoso, lo espectacular o lo irónico, Moresco propone una historia silenciosa, lenta, casi desnuda… pero que brilla, de verdad.

Como ya he dicho, este ha sido mi primer libro suyo, pero no será el último. De hecho, ya he decidido que el próximo año quiero enfrentarme a «Los comienzos», una obra mucho más extensa y compleja, que intuyo va a exigirme más como lector, pero también a darme una experiencia literaria única. Si «La lucecita» es una especie de puerta de entrada a su universo, me parece una puerta perfecta: pequeña, discreta, pero que abre a algo inmenso.

Recomiendo «La lucecita» con mucho cariño. Es una lectura breve, que se puede hacer en una tarde tranquila, pero que deja una huella larga. Ideal para quienes buscan libros que no necesiten grandes fuegos artificiales para emocionar, y que valoran esa clase de literatura que, sin levantar la voz, se mete bajo la piel. A mí, al menos, me ha dejado una lucecita encendida.