Blackie books | Atalaire | 2020 | 280 págs.
#Narrativa #España #1996
—¡Hoy día no dan tratamiento ni a los humanos y quiere usted que se lo den a los pingüinos!
Muerte con pingüino, Andrei Kurkov
Cuando empecé a leer «Muerte con pingüino» no sabía muy bien qué esperar, y lo cierto es que me ha sorprendido muchísimo. Es uno de esos libros raros, con un tono melancólico y, a la vez, inesperadamente divertido. La historia sigue a Viktor, un escritor solitario en un Kiev gris y desorientado tras la caída de la URSS. Vive con un pingüino llamado Misha, que adoptó cuando el zoológico local ya no podía mantenerlo. Sí, has leído bien, tiene un pingüino como mascota. Como ves, la premisa es absurda, pero Kurkov la convierte en una fábula inquietante sobre la soledad, la corrupción y la pérdida de sentido en una sociedad que aún no encuentra su lugar tras el colapso del comunismo. Y lo más curioso es que, a pesar de lo absurdo que suena todo, la historia está escrita con tal naturalidad que pronto te olvidas de lo extraño y empiezas a sentir que todo tiene sentido.
A lo largo del libro, Viktor empieza a escribir esquelas de gente aún viva… hasta que, de pronto, comienzan a morir. Y mientras su mundo se vuelve cada vez más siniestro, la relación con su pingüino se convierte en su refugio. Misha no habla, no opina, pero está ahí. Y, de algún modo, se vuelve el corazón silencioso de la novela.
Kurkov tiene un estilo muy sobrio, casi seco, que contrasta con la locura de lo que está contando. Hay humor negro, hay crítica social, hay tristeza, pero también una ternura muy rara, casi imperceptible, que se cuela entre líneas. No es un libro que te haga reír a carcajadas ni llorar a mares, pero sí uno de esos que te dejan con una sensación rara en el pecho cuando lo terminas. Como si hubieras mirado de reojo algo muy triste, pero también muy bello.
En definitiva, «Muerte con pingüino» es una lectura donde la ternura y lo absurdo conviven con una crítica sutil pero incisiva a la sociedad postsoviética. Es un libro ideal para quienes disfrutan de las novelas existencialistas con toques de humor negro y surrealismo. Para mí, fue como descubrir una pequeña joya enterrada bajo la nieve.