Libros del Asteroide | 2009 | 670 págs.
#Narrativa #Hungría #MiklósBánffy1934
… cuanto más tengamos que pagar por entrar, cuanto más caro nos resulta, tanto más precioso es lo que nos espera.
Los días contados, Miklós Bánffy
Acabo de leer «Los días contados» de Miklós Bánffy, y he de confesar que estoy enamorado. ¡Enamorado de un libro! Pero, ¡qué maravilla de libro! Desde que empecé a leerlo, casi no he dormido por la necesidad imperiosa de avanzar en la historia y descubrir qué les pasa a los personajes. Está tan bien escrito, con unas descripciones tan precisas, con un trasfondo histórico tan interesante y unos personajes tan potentes, que me cuesta encontrar las palabras para explicarlo. Aun así, voy a intentarlo.
Para empezar, «Los días contados» es la primera parte de la «Trilogía transilvana» de Bánffy. Seguimos a Bálint Abády, un joven aristócrata húngaro que regresa a su tierra natal para intentar hacer algo útil con su vida, pero que pronto se encuentra atrapado en la telaraña de una sociedad que vive de fiestas y tradiciones, sin darse cuenta de que el desastre se acerca. Su historia se entrelaza con la de su primo László, un artista con más talento que sentido común. Pero por encima de ellos, está Adrienne, un personajazo de esos que, cuando aparece en escena, se come al resto. Y cuando la historia nos habla de otros personajes, no puedes dejar de preguntarte qué habrá pasado con ella, si estará bien. Su historia es terrible, y he de confesar que he sufrido con ella.
Lo más impresionante de la novela es cómo logra mezclar lo íntimo con lo histórico. No es solo un libro sobre una historia de amor imposible o sobre la aristocracia húngara de principios del siglo XX, sino también una advertencia sobre la ceguera de quienes se creen intocables. El lujo de los bailes, las cacerías y las intrigas políticas se contrasta con la sensación de que todo se está desmoronando poco a poco. Había momentos en los que me recordaba a «Guerra y paz» de Tolstói, con esos bailes de la aristocracia mientras una guerra mundial se avecinaba. Bánffy nos muestra la fragilidad de las pasiones humanas en un contexto de cambios políticos que nadie parece tomarse en serio hasta que es demasiado tarde.
Más allá de la historia de amor imposible y la decadencia de la aristocracia, «Los días contados» aborda con crudeza temas como la ludopatía, el cinismo de la alta sociedad y el maltrato a las mujeres. A través de personajes como László, vemos cómo el juego y la autodestrucción pueden arrastrar a alguien con talento a la ruina absoluta, mientras que la élite, llena de hipocresía, sigue girando en su burbuja de bailes y privilegios, ignorando las grietas en sus cimientos. En cuanto a las mujeres, Bánffy retrata la falta de opciones y la violencia —física y emocional— que muchas sufrían en ese mundo, atrapadas en matrimonios infelices o relaciones imposibles. Es un libro que no solo narra el final de una era, sino que expone sin miramientos los vicios y las miserias de una sociedad que se aferra a su esplendor mientras todo a su alrededor se desmorona.
La prosa de Bánffy es detallada, evocadora y, a veces, casi cinematográfica. Sus descripciones de los paisajes de Transilvania son tan vivas que dan ganas de viajar allí de inmediato. Y aunque el ritmo puede ser pausado en algunos momentos, la historia nunca deja de ser absorbente.
Este libro es un firme candidato a mi mejor lectura del año. Pero ahora me surge un dilema: tengo una norma de leer solo un libro del mismo autor por año, lo que significa que hasta el año que viene no podré leer la segunda parte. ¿Incumplo la norma? Al mismo tiempo, tengo miedo de que los otros dos libros no estén a la altura de este. ¡Ah! No sé qué hacer, no sé qué hacer…
No puedo finalizar la reseña sin recomendar este libro. «Los días contados» no es solo una gran novela, es una experiencia que se queda contigo. Es de esos libros que, al cerrarlos, te dejan un vacío, como si acabaras de despedirte de un mundo que sabías condenado, pero del que no querías marcharte. Si te gustan las historias que combinan drama personal con un trasfondo histórico arrollador, esta es una apuesta segura. Es una lectura que deja huella, como el eco de un vals en un salón vacío. Sí, así me siento al cerrar la última página: como el último en un baile de la aristocracia, cuando todos se han marchado, y yo me he quedado solo en el salón, escuchando las últimas notas del último vals y los susurros de la gente despidiéndose, mientras las luces se apagan poco a poco.