«Rayuela», Julio Cortázar

Puntuación: 4 de 5.

…, el colmo de la soledad conducía al colmo de gregarismo, a la gran ilusión de la compañía ajena, al hombre solo en la sala de los espejos y los ecos.

Rayuela, Julio Cortázar

No sé muy bien cómo definir «Rayuela» de Julio Cortázar. Podría decir que es extraña, peculiar, experimental, compleja… O tal vez sería mejor decir que no es solo una novela, sino una experiencia, un juego, un rompecabezas que te obliga a moverte, a pensar y, sobre todo, a sentir. Supongo que me resulta difícil definir un libro cuando ni siquiera estoy seguro de haberlo entendido del todo.

La historia sigue a Horacio Oliveira, un argentino que deambula por París y Buenos Aires, perdido entre el amor, la filosofía y su propia crisis existencial. En el centro de todo está la Maga, un personaje inolvidable que, con su forma caótica y casi infantil de ver el mundo, se convierte en el corazón emocional de la novela. Pero «Rayuela» no trata solo de ellos, sino de lo que significa estar vivo y buscar algo más allá de lo evidente.

Lo que hace única a esta obra es su estructura. Cortázar te da dos opciones: leerla de principio a fin de manera tradicional o seguir un «tablero de dirección», como si fuera una rayuela (o un sambori, como lo llamamos en mi tierra), que te hace saltar entre capítulos de manera impredecible. Esto cambia completamente la experiencia y te obliga a participar activamente en la historia

Más allá de su forma, «Rayuela» es pura magia literaria. Su prosa es juguetona, intensa, a veces absurda y otras veces de una belleza abrumadora. Cortázar mezcla filosofía, jazz, poesía y hasta reflexiones sobre lo cotidiano de una manera que te envuelve por completo. No es una lectura fácil; a veces me confundía, a veces me desesperaba, otras me aburría; en otros momentos tenía la sensación de haber entrado en un laberinto literario que me invitaba a jugar, a descubrir y a reinterpretar mi propio camino dentro de la historia; pero en cada uno de esos momentos, me dejaba algo latiendo dentro de mí. 

Es un libro que no creo que olvide. Todavía no tengo claro si lo he amado o lo he odiado, pero una vez que he entrado en el universo de «Rayuela», sé que ya no soy el mismo.