«Ruth», Elizabeth Gaskell

Puntuación: 5 de 5.

Debemos simplemente tratar de actuar con justicia, sin pensar en los sentimientos suscitados en los demás.

Ruth, Elizabeth Gaskell

¡Qué cabreo llevo! ¿Pero cómo se le ocurre ese final? Esta no te la perdono, señora Gaskell. Pero, ¿qué mierda de final es ese? No me lo puedo creer. ¿Será posible? Venía de leer «La familia de Pascual Duarte» de Cela, «La fortuna de los Rougon» de Zola y «A sangre fría» de Truman Capote, y me apetecía algo más amable, algo que me hiciera recuperar un poco la fe en la humanidad, pasar un buen rato sin que me destrozasen el alma. Y me dije, voy a leer una historia romántica victoriana. Algo ligerito. ¡Y me encuentro con esto!

En mi vida he estado tan indignado como ahora mismo. Me siento estafado. Durante toda la novela pensaba que estaba ante un novelón. La historia de «Ruth» es brutal: la inocencia, la injusticia, la hipocresía social… Gaskell hace un retrato impecable de cómo la sociedad destruye a quienes no encajan en su moral de doble rasero. Crea magistralmente uno de los personajes más despreciables que he leído y que más odio me ha producido. Hasta ahí, todo bien. La narración es magnífica, los personajes tienen profundidad, el conflicto es potente. Pero entonces… llega el final.

Pero… ¿¿cómo se le ocurre acabar así la historia?? ¡Pobre Ruth! Se merecía justicia, se merecía una segunda oportunidad real, se merecía un destino diferente al que le impone la pluma despiadada de Gaskell. Que sí, que sí, que recrea el realismo social, denuncia el trato a las mujeres, la crítica a la hipocresía victoriana… Que sí, que eso está muy bien. Pero… ¿¿por qué ese final?? Podría haber sido un cierre redondo, una reivindicación, pero no, Gaskell opta por el golpe bajo.

¡Los últimos tres capítulos me los he pasado llorando! Y eso que yo no soy de los que lloran leyendo libros. Ya podría haberla dejado inacabada y haber finalizado «Hijas y esposas», ¡jod…!

Me siento como si hubiera confiado en Gaskell para que me llevara de la mano a un paseo por la campiña victoriana… y en su lugar me hubiera empujado a un barranco. ¡Traición!

En serio, si no has leído «Ruth», léela, pero cuando te queden tres capítulos, detente. No sigas. No hace falta. Ese es un buen final, el resto es… es… ni idea de lo que es. No tiene nombre. 

Elizabeth, en serio, esto no te lo perdono.