«Monasterio», Eduardo Halfon

Puntuación: 4 de 5.

Mi mirada de inmediato buscó lo tachado, lo prohibido, y recordé los lienzos de Jean-Michel Basquiat, que en ellos escribía y luego tachaba alguna palabras, para que éstas, dijo, se vieran más, el solo hecho de estar vedadas, dijo, obliga a querer leerlas.

Monasterio, Eduardo Halfon

«Monasterio» ha sido mi primera incursión en la obra de Eduardo Halfon, y debo decir que su estilo narrativo me atrapó desde el principio. Su prosa es envolvente, contenida, con esa capacidad de decir mucho con pocas palabras. Sin embargo, al llegar al final, tuve la sensación de que la historia se deslizaba entre los dedos, dejando más preguntas que respuestas.

He sentido que «Monasterio» no es una novela de certezas, sino de búsquedas. Deambula entre la memoria, la identidad y la herencia, cuestionando constantemente qué nos define. ¿Somos el reflejo de nuestra familia? ¿De nuestra religión? ¿De las cicatrices que no elegimos pero que cargamos igual? Y, para mí, Halfon no ofrece respuestas, solo abre caminos que el lector debe recorrer por su cuenta.

A través de una estructura fragmentaria, la novela aborda el judaísmo, la intolerancia y el peso del pasado. Hay ecos de la historia familiar del autor, marcada por la emigración y la sombra de los campos de concentración. También hay un juego constante con la pertenencia y el desarraigo, con la dificultad de conectar con los otros, incluso dentro de la propia comunidad. A veces, parece que los personajes apenas se rozan, como trenes que coinciden un instante antes de seguir su camino.

Es una lectura breve, pero cargada de significado. No busca ser redonda ni cerrada; más bien, deja espacios en blanco para que el lector los complete. Tal vez ahí radique su mayor virtud, pero también su mayor desafío.

De todas formas, no creo haber comprendido completamente lo que intenta contarnos Halfon con este libro; quizá necesite releerlo, darle otra vuelta, dejar que las piezas encajen con el tiempo. Pero, sin duda, ha sido una excelente lectura, una de esas que se quedan flotando en la mente, buscando una salida que tal vez nunca encuentren.