«David Golder», Irène Némirovsky

Puntuación: 4.5 de 5.

El viento agitaba las grandes cortinas blancas, que se hinchaban como globos. Durante largo rato escuchó maquinalmente el rumor de las olas … Una, dos, tres … El golpe sordo contra la roca del faro, y luego el suave y musical chapoteo del agua deslizándose entre las piedras … El silencio … La casa parecía vacía.

David Golder, Irène Némirovsky

«David Golder» es un retrato descarnado, duro y despiadado de una sociedad dominada por la riqueza y la soledad que conlleva. Irène Némirovsky nos sumerge en un mundo donde lo único que importa es poseer y exhibir dinero; donde no interesa cómo se ha obtenido ni el esfuerzo o los sacrificios realizados para conseguirlo, y donde lo primordial es atesorarlo para lucirlo y gastarlo sin miramientos.

El protagonista, David Golder, un anciano judío millonario, es el reflejo de la ambición desmedida, un hombre forjado entre la astucia y la dureza; encarna la implacable búsqueda del éxito, donde la ambición y la traición van de la mano, aunque en su interior aún resuene un eco de integridad. Es un personaje que me crea sentimientos encontrados, porque David Golder es, al mismo tiempo, verdugo y víctima. Ha construido su fortuna a base de golpes y traiciones, pero también los recibe sin piedad. Su figura encarna la tragedia de quien ha vivido por y para el dinero y descubre, demasiado tarde, el vacío absoluto de su existencia.

En cambio, su esposa y su hija son la personificación del egoísmo y la avaricia, retratadas sin la menor concesión. Son personajes superficiales, despiadados, manipuladores e insaciables, cuya falta de escrúpulos despierta una profunda antipatía.

Es una novela dura y cruel, que golpea con su realismo sin concesiones. Lo más llamativo es el contraste entre su trasfondo amargo y el escenario en el que transcurre gran parte de la historia: el lujoso y frívolo Biarritz de los años 20, con su brillo superficial y su aparente felicidad.

A pesar de lo odiosos que pueden resultar los personajes, he disfrutado el libro. Némirovsky logra una obra implacable y descarnada sobre la codicia y la deshumanización, que sigue siendo impactante a día de hoy.