«El testigo mudo», Agatha Christie

Puntuación: 4.5 de 5.

Para matar se necesita el tipo de mentalidad que pueda obsesionarse con una idea.

El testigo mudo, Agatha Christie

Si hay algo que puedo decir con absoluta certeza sobre «El testigo mudo», es que no hay un solo personaje que me haya caído bien. De verdad, ni uno. Todos son odiosos a su manera: egoístas, ambiciosos o simplemente superficiales. Esto, paradójicamente, hizo que la lectura fuera más divertida, porque sospechar de cada uno era demasiado fácil y, al mismo tiempo, terriblemente frustrante.

La historia es un clásico caso de «tía solterona rica con herencia en juego», donde los sobrinos no pueden esperar a que la buena mujer pase a mejor vida. Pero aquí hay un detalle extra que hace que todo sea aún mejor: el testigo clave del misterio es un perro. Sí, sí, has leído bien; el único testigo es un terrier llamado Bob, que probablemente sea el personaje más simpático de toda la novela.

Además del misterio, me encantó descubrir pequeñas joyas de la época, como el hecho de que el vegetarianismo era visto como algo prácticamente criminal. Hay personajes que son tratados con absoluto desprecio solo por no comer carne, algo que en su momento debió parecer lógico, pero que a día de hoy me chocó muchísimo. También está el prejuicio hacia los extranjeros, una constante en muchas novelas inglesas. Da igual si eres europeo, africano, asiático o marciano: si no eres inglés, claramente tienes algo turbio entre manos.

En cuanto al crimen en sí, debo admitir que Agatha Christie me engañó como a un niño. Pensé que había resuelto el caso varias veces, solo para descubrir que estaba completamente equivocado. Y cuando Poirot expone la verdad con su acostumbrado dramatismo, todo tiene un sentido aplastante. Hastings, a quien extrañaba, vuelve aquí con su entrañable torpeza, y su interacción con Poirot sigue siendo una de las mejores cosas de la novela.

¿Es el mejor caso de Poirot? No. Pero «El testigo mudo» es una lectura corta, entretenida y con momentos de humor, perfecta para intercalar entre libros más densos o para salir de un bloqueo lector. Y si todo lo demás falla, al menos vale la pena por Bob, quien, sin decir una sola palabra, es el verdadero héroe de la historia, con permiso de Poirot.