Random House | 2017 | 224 págs.
#Narrativa #México #FernandaMelchor2017
Aquella parecía la primera madrugada del mundo. La luz se maravillaba del propio estreno, experimentaba su grandeza al iluminar las cosas más pequeñas… y por pendeja, por creer que los hombres van a ayudarte pero a la mera hora es una la que tiene que partirse la madre para sacárselos de adentro, y partirse la madre para cuidarlos, y partirse la madre para mantenerlos, mientras el cabrón de tu marido se va de pedo y se aparece cuando se le hincha la gana.
Temporada de huracanes, Fernanda Melchor
Vomitiva, desagradable, repugnante… No sé qué más calificativos darle. Y lo siento, porque tenía muchas ganas de que me gustara. Aun así, si no has leído «Temporada de huracanes» y dudas sobre si hacerlo, quizá lo mejor sea guiarte por quienes sí la han apreciado. Creo que el problema es mío y no del libro.
Tenía grandes expectativas con esta novela. Llegué a ella tras escuchar innumerables elogios de youtubers, bookstagrammers y críticos literarios. Es poco común encontrar un libro que concilie tanto al público general como a los profesionales de la literatura, lo que aumentó aún más mi curiosidad. Sin embargo, para mí ha sido una decepción mayúscula. Es más, ha estado a punto de provocarme un bloqueo lector. Apenas supera las 200 páginas, pero me han parecido 2000. En ningún momento he llegado a disfrutar leyéndola.
Para empezar, la historia me ha parecido vomitiva. Los personajes, sin excepción, me han resultado repulsivos, y en ningún momento logré conectar con alguno de ellos. En estas páginas se condensa lo peor de la humanidad: drogas, violencia, robos, asesinatos, violaciones, abuso de menores, zoofilia… y la lista sigue. Todo lo más abyecto del ser humano está aquí. A esto se suma un lenguaje vulgar y plagado de tacos que, si bien refuerza la crudeza de la historia, a mí me ha resultado simplemente desagradable. Estoy seguro de que la autora buscaba incomodar al lector, y debo reconocer que lo consigue; es lo único positivo que puedo decir del libro.
Me da la impresión de que las obras que retratan lo más sórdido de la realidad suelen recibir aplausos automáticos, como si el mero hecho de exponer el horror las hiciera valiosas. No me gusta este tipo de libros, pero en este caso siento que «Temporada de huracanes» lleva la vulgaridad a un extremo que roza lo gratuito.
Al principio, me recordó a «La ciudad y los perros» de Vargas Llosa, otra novela que expone la crudeza del ser humano y cuyo inicio también me incomodó profundamente. Sin embargo, mientras que la obra de Vargas Llosa me parece una obra maestra, «Temporada de huracanes» me ha resultado peor que un lunes a las ocho de la mañana. La diferencia fundamental (aunque no la única) está en la construcción de las voces narrativas. En «La ciudad y los perros», cada personaje tiene su propia voz, aunque el tono general sea el mismo; en cambio, en «Temporada de huracanes», la voz es siempre idéntica. Aunque cada capítulo se centra en un personaje distinto, todos suenan igual, incluso el narrador. Hay pasajes en los que el narrador comienza en tercera persona, luego cambia a primera desde la perspectiva de un personaje y después vuelve a la tercera, pero sin que haya una verdadera diferenciación en la voz, solo en el punto de vista.
En innumerables ocasiones estuve a punto de abandonar el libro. Pero había leído que al final aparecía un viejo que mejoraba la historia, así que decidí esperar. Fue en vano. Ese pasaje me pareció corto y completamente insuficiente para compensar la cantidad de abominaciones previas.
En definitiva, leer este libro me ha hecho pensar en esas pinturas abstractas en las que los críticos pedantes encuentran significados profundos, mientras que tú solo ves un garabato. Pues eso ha sido para mí «Temporada de huracanes», un vacío sin propósito, una tormenta de crudeza sin un horizonte que la justifique.