«Solenoide», Mircea Cărtărescu

Puntuación: 4.5 de 5.

Así siento que es mi vida, así siento que he sido siempre: el mundo unánime, tierno y tangible por una cara de la moneda, y el mundo secreto, íntimo, fantasmagórico, el mundo de ensueño de mi mente por la otra. Ninguna de mis vidas está completa ni es verdadera sin la otra. Solo la rotación, solo el vértigo, solo el síndrome vestibular, solo el dedo indiferente del dios que pone la moneda en movimiento y la lleva a una dimensión más, hace visible —pero para qué ojo— la inscripción grabada en nuestra mente, a uno y a otro lado, de día y de noche, en la lucidez y en el sueño, a una mujer y un hombre, a un animal y a un dios, pero nosotros la ignoramos durante toda la eternidad, pues no podemos ver ambas caras a la vez.

Solenoide, Mircea Cărtărescu

Hay libros que lees, disfrutas (o no) y sigues con tu vida. Hay otros que, como un virus latente, permanecen en tu memoria. Y luego está «Solenoide», que se mete en tu cabeza y se apropia de ella como un huésped insistente, un inquilino que no paga renta y que, de paso, te cambia la cerradura de la percepción de la realidad. Mircea Cărtărescu no escribió solo una novela, escribió un agujero negro literario que te absorbe y te escupe en una Bucarest retorcida, donde la realidad es más inestable que un castillo de naipes en una tormenta y toda frontera entre lo real y lo onírico se tambalea al vaivén de las palabras.

Leer «Solenoide» es como soñar dentro de un sueño… y de repente darte cuenta de que no sabes si sigues soñando o si ya estás despierto. Su protagonista —un escritor frustrado que sobrevive como profesor en una escuela gris— nos arrastra a través de sus delirios, paranoias y epifanías con un fervor casi místico. Y lo peor (o lo mejor) es que, a medida que avanzas, empiezas a preguntarte si lo que estás leyendo tiene algún sentido o si en algún punto de la novela firmaste, sin darte cuenta, un pacto con la locura.

Cărtărescu escribe como quien lanza hechizos: hay párrafos que son pura magia, momentos de una belleza tan abrumadora que dan ganas de enmarcarlos y colgarlos en el salón. Pero, seamos honestos, también hay capítulos que se asemejan más a una prueba de resistencia que a una lectura placentera, con párrafos densos que te hacen cuestionar si realmente necesitas este nivel de introspección o si, de alguna forma, te has metido en una madriguera sin salida. Porque dentro de esta vorágine de pensamientos, hay páginas que fluyen como un río y otras que parecen un pantano en el que te hundes lentamente, preguntándote si alguna vez volverás a ver la luz del día. Y, sin embargo, incluso en esos momentos, la novela nunca pierde su capacidad de fascinar.

No es un libro para todo el mundo. Si te gusta el existencialismo, el realismo mágico y la literatura que desafía cualquier noción de lógica, este libro es para ti. Si prefieres las historias con un principio, un nudo y un desenlace claro… bueno, quizás «Solenoide» no sea tu mejor opción (o sí, si te gusta el masoquismo intelectual).

Escuché a un crítico decir que es la gran novela del siglo XXI. No me atrevo a ir tan lejos (él sabrá más que yo), pero sí sé que, con el tiempo, este libro se quedará dando vueltas en la cabeza de muchos lectores (al menos en la mía). Y si no, siempre me quedará la experiencia de haber viajado por una de las novelas más extrañas, intensas y fascinantes que se han escrito.