«Tiempos difíciles», Charles Dickens

Puntuación: 5 de 5.

¡Oh, economistas utilitarios, maestros de escuela en esqueleto, comisarios de realidades, elegantes y agotados incrédulos, charlatanes de tantos credos pequeñitos y manoseados, siempre habrá pobres en vuestra sociedad! Cultivad en ellos, ahora que todavía estáis a tiempo, las gracias supremas de la fantasía y del corazón, para adornar con ellas sus vidas, que tanta necesidad tienen de ser embellecidas, o de lo contrario, cuando llegue el día de vuestro triunfo completo, cuando hayáis conseguido raer de sus almas todo idealismo y ellos se encuentren cara a cara y a solas con su vida desnuda de todo ornato, la realidad se volverá lobo y acabará con vosotros.

Tiempos difíciles, Charles Dickens

Si crees que los lunes son difíciles, espera a leer «Tiempos difíciles» de Charles Dickens. Publicada en 1854, esta novela es un tremendo guantazo literario contra la frialdad del utilitarismo y el despiadado mundo industrial. La historia transcurre en Coketown, una ciudad que básicamente es el primo deprimente de Metrópolis, con fábricas, humo y cero diversión. Aquí, Dickens nos presenta un desfile de personajes que parecen sacados de un curso intensivo de «cómo arruinar la felicidad en tres simples pasos».

Uno de los trucos más ingeniosos de Dickens en esta novela es su simbolismo. Aquí, cada personaje parece sacado de un manual de «Metáforas para escritores»: el fanático de los datos, el empresario explotador, la pobre alma atrapada en un sistema sin corazón… ¡Es como si hubieran nacido para representar ideas abstractas en una clase de filosofía! Y, sin embargo, Dickens no se conforma con hacer de ellos simples carteles con patas. No, señor. Les da conflictos internos, emociones y suficiente drama como para llenar una temporada entera de una serie de época. Así que, aunque puedan parecer más simbólicos que un reloj de arena en una historia sobre el paso del tiempo, estos personajes tienen vida propia… y vaya si la tienen.

Primero, tenemos a Thomas Gradgrind, el campeón mundial del aburrimiento educativo. Su filosofía de vida es simple: «hechos, hechos y más hechos», porque ¿quién necesita imaginación cuando puedes memorizar tablas de producción industrial? Luego está Josiah Bounderby, el empresario más hipócrita del siglo XIX, que se pasa la novela diciendo que ha salido de la nada cuando, en realidad, su madre podría escribir un libro titulado «Mi hijo, el farsante».

Dickens, que tenía el don de convertir cualquier objeto en un símbolo lleno de drama, nos regala la famosa escalera de la señora Sparsit, que básicamente representa el ascenso y la caída social con más elegancia que cualquier telenovela. Y, por supuesto, está Louisa Gradgrind, que descubre demasiado tarde que una educación sin emociones es como un pastel sin azúcar: decepcionante y triste.

Pero lo mejor de todo es el tono de la novela. Dickens no solo denuncia las injusticias de su tiempo, sino que lo hace con una ironía que haría sonreír hasta a un inspector de Hacienda. Sus descripciones de Coketown son tan grises y opresivas que, si la ciudad tuviera un lema turístico, sería algo como «Coketown: ven por la contaminación, quédate por la desesperanza».

Al final, «Tiempos difíciles» nos deja un sabor agridulce. No hay un final completamente feliz, pero Dickens nos da algunos rayitos de esperanza en forma de personajes que aún creen en la compasión y la creatividad. Y aunque esta novela tiene más de 150 años, sigue siendo sorprendentemente actual, porque el choque entre progreso y humanidad sigue siendo el pan de cada día.

Así que, si quieres un Dickens más compacto y menos intimidante que «David Copperfield» o «Grandes esperanzas», este es tu libro. Eso sí, prepárate para una montaña rusa de ironía, injusticia social y personajes que te harán querer gritarles: «¡por favor, reacciona!».