«El general del ejército muerto», Ismaíl Kadaré

Puntuación: 4 de 5.

La suya era una misión antinatural, en la que la ceguera, la mudez y la absurdidad estarían siempre presentes.

El general del ejército muerto, Ismaíl Kadaré

Leer «El general del ejército muerto» de Ismaíl Kadaré es como emprender un viaje a una tierra áspera, fría y llena de fantasmas. La historia nos lleva a Albania, un país donde la guerra ha dejado heridas profundas y donde el paisaje mismo parece estar impregnado de memoria y resentimiento. Un general italiano, cuya identidad queda siempre en la sombra, es enviado para una misión macabra: recuperar los restos de los soldados italianos caídos en la Segunda Guerra Mundial y devolverlos a casa. Lo acompaña un sacerdote, como si el deber militar necesitara también un barniz de redención espiritual.

La premisa en sí ya es potente, pero Kadaré la convierte en algo mucho más grande que una simple narración sobre la guerra y sus secuelas. Lo que comienza como un trabajo burocrático —recolectar huesos y organizar repatriaciones— se transforma en una exploración inquietante sobre la memoria, la culpa y la inutilidad de las gestas militares. El general, que nunca participó en la guerra, camina sobre un territorio hostil, intentando conciliar la imagen de sus compatriotas caídos con la brutal realidad de la ocupación. Los albaneses que encuentra no olvidan, y Kadaré deja claro que en esa tierra montañosa, la memoria de la violencia se transmite de generación en generación.

A lo largo del relato, aparecen voces de soldados muertos y supervivientes, testimonios que desdibujan las líneas entre vencedores y vencidos. Los muertos no solo son víctimas, también fueron verdugos, y la guerra, incluso en su forma más lejana y espectral, sigue siendo un eco de sufrimiento y vergüenza. Kadaré no ofrece consuelo, pero sí momentos de ironía y humor negro que hacen que el peso de la narración no ahogue al lector por completo.

Uno de los aspectos más impactantes del libro es la forma en que aborda el papel de las mujeres. En una historia dominada por figuras masculinas, la guerra se muestra también desde la perspectiva de aquellas que tuvieron que vivir con sus consecuencias. Son las viudas, las mujeres violadas, las que nunca recibieron noticias de sus maridos o hijos, quienes cargan con el peso más terrible de la memoria. En ellas, la guerra no terminó cuando se firmaron los tratados, sino que se convirtió en un duelo perpetuo.

Kadaré escribe con un estilo lúcido y preciso, sin florituras innecesarias, pero con una profundidad que cala. Su manera de analizar la guerra, no desde el fragor del combate, sino desde la distancia de los años, resulta devastadora. No hay héroes en esta historia, solo hombres que buscan sentido en lo absurdo. Y es precisamente esa falta de épica lo que convierte «El general del ejército muerto» en una obra tan poderosa.

Es un libro que deja una sensación de inquietud, como si después de cerrarlo, los muertos siguieran caminando a nuestro lado. Porque, al final, la guerra nunca termina del todo.