Destino | 2012 | 347 págs.
#Narrativa #España #MiguelDelibes1947
Morir no es malo para el que muere, pensé; es tremendo para el que queda navegando por la estela que el otro trazó, desbrozando, soportando una vida larga, fofa, despojada del menor aliciente…
La sombra del ciprés es alargada, Miguel Delibes
Hace días que terminé de leer «La sombra del ciprés es alargada», la primera novela de Miguel Delibes y ganadora del Premio Nadal, y todavía sigo dándole vueltas a muchas de las ideas que plantea. Es un libro que deja huella, no solo por la belleza de su prosa, sino por la profundidad con la que reflexiona sobre la vida, la pérdida y el miedo al sufrimiento.
La historia sigue a Pedro, un niño huérfano que, marcado por la dureza de su infancia, llega a la vida adulta convencido de que apegarse a las personas solo conduce al sufrimiento. A través de su crecimiento y experiencias, la novela plantea una de esas preguntas que no tienen respuesta fácil: ¿es mejor haber conocido la amistad y el amor, aunque al final se pierdan, o nunca haber tenido nada? Mientras leía, me descubrí debatiéndome entre la aparente seguridad de la soledad, sin nadie por quien sufrir, y la intensidad de vivir rodeado de seres queridos, con todo lo que ello implica: alegrías pero también dolor.
Delibes consigue transmitir una melancolía que cala hondo, pero sin caer en el dramatismo vacío. Sus descripciones de Ávila, con su paisaje austero y casi silencioso, reflejan a la perfección el mundo interior de Pedro y el peso de su visión de la vida. Es un libro sobrio, lleno de sensibilidad, que demuestra desde el principio el talento de Delibes para capturar la esencia humana con una sencillez engañosa.
«La sombra del ciprés es alargada» me ha parecido una obra maravillosa, aunque reconozco que deja una sensación agridulce. No es una lectura ligera ni optimista, pero sí de esas que te obligan a pensar y a mirar dentro de ti mismo. Y al final, creo que eso es lo que hace grande a una novela.