Alba | Patricia Anton | 2016 | 336 págs.
#Thriller #ReinoUnido #1992
La moralidad, señor, es el monólogo de los que no apasionan ni se apasionan, la venganza de los perdedores, el castigo de quienes lo intentaron y fracasaron, o nunca tuvieron el valor ni tan siquiera de intentarlo.
Jaque al rey, Michael Dobbs
Después de leer «House of Cards», donde Francis Urquhart se nos presenta como el político más elegante y pérfido del Reino Unido (y eso ya es decir), llegué a «Jaque al rey» con el entusiasmo de quien espera una segunda cita con alguien que te ha hechizado con su cinismo y te ha dejado con ganas de más. Espóiler: la cita fue buena, pero no hubo mariposas en el estómago.
En esta segunda entrega, Urquhart ya es Primer Ministro y, claro, no podía quedarse quieto. Porque para él no basta con controlar el gobierno, ahora va a por la monarquía. ¿Ambición desmedida o simplemente aburrimiento de los problemas reales? Nunca lo sabremos. Lo cierto es que decide hacerle jaque al mismísimo rey (sí, con minúsculas, porque en esta historia todo el mundo es peón excepto él), mientras manipula encuestas, prensa, y, cómo no, a una americana lista, guapa y muy… receptiva a su poder.
Dobbs sigue escribiendo con ese tono ácido que tanto disfruté en la primera novela, pero algo aquí no cuaja del todo. Quizá es que el carisma de Urquhart ya no sorprende, o que la trama se siente más forzada, como si hubiera que estirar la maldad por decreto. La idea de derrocar a la monarquía suena potente, sí, pero en la ejecución a veces se pierde entre conspiraciones menos brillantes que en la entrega anterior.
Eso sí, leer a Urquhart siempre tiene su punto: sigue siendo encantadoramente repulsivo, como un cruce entre Maquiavelo y un mayordomo británico con muy mala leche. Aunque esta vez, su magia empieza a desvanecerse como la popularidad de un rey que sale en demasiados tabloides.
¿Me entretuvo? Sin duda. ¿Es mejor que «House of Cards»? Ni de lejos. Es como ese segundo café del día que no sabe tan bien como el primero, pero igual te lo tomas porque ya estás metido en la historia (y en la cafeína).
Veredicto: si te fascinó «House of Cards», «Jaque al rey» te hará pasar un buen rato… pero probablemente te dejará mirando el trono con menos emoción de la que esperabas.