Impedimenta | Marian Ochoa | 2013 | 256 págs.
#Narrativa #Rumanía #MirceaCărtărescu2013
Estaría bien poder cortar con una tijera los fragmentos más lamentables de tu vida y arrojarlos a la basura. Por desgracia, tu vida se entrecruza con la de tantos individuos que, si los cortaras todos a la vez, te saldría una especie de alfombrilla de papel de esas que hacen los niños, una cadena de hombrecitos que se dan la mano. Más o menos esto es lo que hace el escritor: saca de la página en blanco su cadena de hombrecitos, sus figuras geométricas de una dudosa geometría. Al que sobra, igualmente simétrico, lo arroja a la basura, aunque también él representa, en la misma medida de los hombrecillos, la nobleza de la página inicial.
Las bellas extranjeras, Mircea Cărtărescu
Mircea Cărtărescu, uno de mis escritores preferidos, me ha sorprendido con «Las bellas extranjeras», una crónica de viaje que desafía las expectativas literarias tradicionales. Este libro no es de esos que lees con el ceño fruncido y un lápiz en la mano, subrayando frases profundas sobre el alma humana. O al menos no parece serlo a primera vista. En lugar de la típica solemnidad literaria, Cărtărescu nos lanza una crónica sarcástica, autocompasiva y maravillosamente absurda sobre su periplo (forzoso, según deja caer con elegante resignación) a Francia, junto a otros escritores rumanos, con la noble misión de representar la literatura de su país. Nada puede salir mal, ¿verdad?
El resultado es una pequeña joya de autoficción hilarante, donde Cărtărescu se presenta como un escritor tímido, cansado del folclore diplomático, y francamente incómodo ante la idea de ser tratado como un «autor exótico del Este». En este diario de viaje, lleno de hoteles impersonales, presentaciones con escasa audiencia, y anécdotas tan ridículas como perfectamente creíbles, uno casi puede oír al autor suspirando entre líneas, preguntándose por qué aceptó participar en todo esto. (La respuesta, claro, es: dinero. O al menos viáticos.)
Lo fascinante es cómo, a través de una narrativa ágil y mordaz, Cărtărescu te invita a reflexionar sobre el ego del artista y la fragilidad de la existencia creativa. Esa mezcla de humor ácido, desencanto y autocrítica se siente realmente cercana, como si el autor estuviese confesándote en un susurro: «Sabes, a veces soy tan ridículo que me río de mí mismo». Y es justo ese tono personal y desenfadado lo que hace que «Las bellas extranjeras» no sea solo un relato de viaje, sino un espejo deformante donde descubrimos las ironías de la vida cultural y literaria.
Con un estilo desenfadado y deliciosamente autoconsciente, Cărtărescu nos hace reír, pero también nos deja pensando: ¿qué significa representar una cultura?, ¿qué espera Occidente de los escritores del otro lado del telón de acero (ya oxidado, pero aún colgando)? Y, más importante aún: ¿es posible sobrevivir a un festival literario sin sentir un poquito de vergüenza ajena?
En resumen, «Las bellas extranjeras», al que debería de haberlo subtitulado «Cómo sobrevivir a un viaje literario sin perder la dignidad… del todo», es ideal para quienes disfrutan de la literatura que se ríe de sí misma (y de sus autores), sin dejar de lanzar algún que otro dardo certero al mundo editorial y cultural. Si buscas una lectura que combine la elegancia literaria con una buena dosis de sarcasmo, este libro definitivamente te hará sonreír y pensar a la vez. Con cada página, uno se da cuenta de que, en ocasiones, la verdadera belleza se esconde en el autoengaño y en la risa que surge al ver nuestras propias contradicciones reflejadas en la absurdidad del mundo.
¿Literatura menor? Quizá, pero no creo. ¿Divertidísima? Sin duda. ¿Recomendable? Mucho. Especialmente si estás considerando ser escritor y necesitas una buena dosis de realismo… con humor.