«Nostalgia», Mircea Cărtărescu

Puntuación: 5 de 5.

Tengo que confesar que no he tenido otra opción. Siempre me he sentido inútil para cualquier otra actividad humana. Me parece que esta incapacidad indudable e incondicional para cualquier otra cosa es la única prueba y piedra de toque de la profesión de la poesía, tal vez, de hecho, no haya que ver en la poesía una profesión, sino precisamente la expresión y el refugio de esa incapacidad.

Nostalgia, Mircea Cărtărescu

«Nostalgia», de Mircea Cărtărescu,es un libro que he sentido, he soñado con él, y me ha seguido como una sombra tibia por días y días. Para ser estrictos, no es una novela en el sentido clásico de la palabra, aunque sus relatos están hilados por una sensibilidad común, casi como si compartieran una misma alma fragmentada. Leer «Nostalgia» es sumergirse en un espejo deforme de la memoria, donde lo real y lo irreal se confunden con una naturalidad inquietante.

Empecé el libro sin saber del todo a qué me enfrentaba. El primer relato, «El ruletista», ya lo había leído, sin embargo, aun así, me volvió a sacudir de inmediato: una historia corta, contenida, pero escrita con una intensidad casi insoportable. No por su crudeza (aunque la tiene), sino por la calma absurda con la que se desarrolla algo tan brutal como jugarse la vida en público una y otra vez. Ya desde ahí comprendí que Cărtărescu no escribe para entretener, sino para inquietar, para atravesarte con sus palabras.

Y sin embargo, lo más sorprendente vino después. Los relatos que siguen —«REM», «Los gemelos», «El arquitecto» y «El Mendébil»— se van adentrando en terrenos cada vez más oníricos, casi lisérgicos. Cărtărescu tiene una manera de narrar que recuerda a veces a Proust por su lirismo, a Kafka por su lógica delirante, o incluso a Borges por su obsesión con los espejos, la identidad y lo infinito. Pero al final es profundamente él mismo, único, con una voz que parece brotar del fondo de un sueño infantil.

Uno de los temas centrales de «Nostalgia» es precisamente eso: la infancia como un territorio sagrado y perdido, lleno de misterios que de adultos ya no entendemos pero que seguimos buscando en nuestros recuerdos. En «REM», por ejemplo, hay una sensación constante de maravilla mezclada con melancolía. El protagonista recuerda juegos, deseos y emociones con una intensidad que va más allá de lo racional. Hay levitaciones, conexiones telepáticas, viajes al interior de uno mismo, y sin embargo todo se siente extrañamente verosímil. Como cuando uno sueña algo imposible pero dentro del sueño tiene sentido.

Lo más hermoso —y también lo más abrumador— es la forma en que Cărtărescu escribe. Sus frases son largas, envolventes, como si quisiera atraparte en una espiral de imágenes y pensamientos que nunca termina. Hay momentos en los que cuesta seguirle el ritmo, en los que uno se pierde entre digresiones y asociaciones libres, pero de pronto una frase te golpea con una verdad tan íntima que se queda resonando dentro.

«Nostalgia» no es un libro para todos los lectores. Es denso, a veces críptico, y definitivamente exige más de lo habitual. Pero para quienes buscan en la literatura algo más que una historia —para quienes buscan belleza, profundidad, vértigo, incluso desconcierto—, este libro puede ser una experiencia reveladora. Cuando lo terminé, no sentí que hubiera comprendido todo. Pero tampoco lo necesitaba.

Para acabar, «Nostalgia» no es un libro que se entienda; es un libro que se atraviesa, como una niebla espesa y luminosa. Y cuando sales del otro lado, algo dentro de ti ha cambiado, aunque no sepas decir exactamente qué.