«La soledad del corredor de fondo», Alan Sillitoe

Puntuación: 4 de 5.

Todo lo que sé es que has de correr sin una meta, esa es la soledad que siente el corredor de fondo.

La soledad del corredor de fondo, Alan Sillitoe

Correr no es de cobardes (pero tampoco de conformistas)

I. Una carrera que no lleva a ninguna parte… o sí

Este libro no empieza con una tímida introducción o una advertencia educada. No. Empieza directamente con un puñetazo narrativo: «La soledad del corredor de fondo», el relato que no solo da nombre a la colección, sino que la define, la corona y probablemente le paga el alquiler al resto de los cuentos.

Colin Smith, joven, obrero, reformado (más por obligación que por devoción), descubre que correr es su única forma de libertad. Corre por los campos, corre por su dignidad, y corre también para no tener que escuchar al director del reformatorio, que habla como si cada frase viniera con un panfleto adjunto. Durante esos entrenamientos matutinos, Colin piensa, y lo que piensa —¡ay, amigo lector!— es más afilado que cualquier sermón educativo.

Este relato no solo es un estudio de carácter, sino también una metáfora vivísima de la rebelión silenciosa, de esa victoria amarga que consiste en no dejarse domesticar. Espóiler sin espóileres: no es un final feliz, pero sí un final con una enorme sonrisa interior.

II. Estilo: Entre la navaja y el té de las cinco

Alan Sillitoe escribe con una claridad que raspa. Su estilo es seco, irónico, de frases que no se andan por las ramas porque, honestamente, nadie en el barrio tiene tiempo para ramas. No hay ornamentos innecesarios, ni coqueteos literarios. Aquí se habla como se vive: directo al grano, con humor negro y con una cierta resignación combativa que da gusto leer.

Cada relato es como una patada suave en el estómago: duele, pero te hace pensar. Y te ríes un poco también, porque a veces no queda otra.

III. Estructura: Una colección que no da tregua

Esta no es una colección de cuentos dispersos y desordenados como calcetines viejos. Hay una coherencia narrativa, un tono común: la clase obrera inglesa de los años 50, vista desde dentro y sin filtros, con personajes que no están hechos para inspirarte, sino para enfrentarte a tu propia comodidad.

Los relatos no siguen una trama general, pero sí un estado de ánimo constante: el de la dignidad en la derrota, el orgullo en la pobreza y la rebeldía como única forma de existencia.

IV. Temas: Obreros, rabia y humanidad

Los grandes temas que Sillitoe toca con su pluma (afilada como cuchilla de afeitar gastada) son:

  • La injusticia social: no como concepto filosófico, sino como pan duro en la mesa y jefes que no saben lo que es un callo en la mano.
  • La rebeldía: no épica, sino íntima y silenciosa.
  • La alienación: sin alienígenas, pero con mucha fábrica y mucho whisky.
  • La soledad y la introspección: personajes que piensan mientras el mundo gira sin ellos.
  • El humor negro: porque si no te ríes, acabas llorando.

V. Relatos destacados (además del obvio)

Aunque el titular siempre se lleva todos los aplausos, no hay que dejarse cegar por la fama. El resto de cuentos son igual de sólidos, y algunos —me atrevo a decir— incluso más conmovedores. Destaco dos:

El cuadro del barco de pesca

Una historia bellísima, tan trágica como tierna, sobre un niño que no entiende del todo lo que ocurre a su alrededor, pero lo siente con una intensidad devastadora. Es uno de esos cuentos que te hace cerrar el libro por un momento, mirar por la ventana y decir «maldito Sillitoe».

Una tarde de sábado

Aquí el humor negro se desborda como la cerveza barata en un pub de Nottingham. Es irreverente, humano y desolador, con diálogos que parecen sacados de una obra de teatro existencialista con pinta de comedia costumbrista. Es una risa incómoda, de esas que duelen un poco.

VI. ¿Clásico? Absolutamente.

«La soledad del corredor de fondo» no solo fue un éxito en su tiempo, también sigue teniendo una vigencia escalofriante. A día de hoy, en plena era del coaching emocional y los podcasts de superación personal, la voz de Colin Smith suena como una bofetada a la autoayuda: la dignidad no se mide en metas cumplidas, sino en la decisión de no venderse al sistema, ni siquiera por una copa barata.

VII. Adaptación cinematográfica

En 1962, Tony Richardson llevó el relato principal al cine con gran fidelidad y sensibilidad. Si te gusta el blanco y negro, los silencios incómodos y los corredores cabreados, te encantará.

VIII. En resumen (para los perezosos)

¿De qué va?
De correr. Pero sobre todo de pensar mientras se corre. Y de decirle al mundo: «No voy a jugar tu juego, gracias».

¿Te hará reír?
Sí, pero con culpabilidad.

¿Te hará llorar?
Un poco. Aunque quizá solo por dentro.

¿Vale la pena?
Muchísimo. Es un libro pequeño con una carga emocional y crítica inmensa. Uno de esos libros que uno lee joven y relee viejo, y cada vez significa algo distinto.