Impedimenta | 2020 | 296 págs.
#Narrativa #España #2020
Tú y los que son como tú creéis que en la frontera vuestra angustia se diluirá, o bien cobrará nombre y se concretará, quizás en algo físico contra lo que, por fin, podréis luchar, que podréis abatir, o con lo que podréis congraciaros y revolcaros por el suelo a la luz de la hoguera, hurgándole en la entrepierna mientras jadeáis y babeáis. Sois parásitos que explotáis la frontera, peores que tramperos, mineros y los que construyen el ferrocarril. Para vosotros el oeste es un diván donde tumbaros a purgar el pus del alma.
Basilisco, Jon Bilbao
Entre cowboys, crisis existenciales y reptiles míticos
I. Introducción: el western existencial que no sabías que necesitabas
Leer «Basilisco» es como entrar en un saloon desierto donde el camarero te mira raro, el whisky sabe a tierra y de fondo suena una balada triste sobre el fracaso. Es un libro que uno empieza con cierta prevención (¿un western?), continúa con curiosidad (¿un western con ciencia ficción?), y termina con una sensación rara, como de haber sido perseguido por una criatura mitológica a través del desierto de tus propias inseguridades.
No en vano, este librito —porque es breve, no porque sea liviano— ha sido aplaudido por la crítica y fue finalista del Premio Nacional de Narrativa en 2021. Que no se lo llevara tal vez sea culpa del propio Basilisco, que miró de reojo al jurado y los dejó secos por dentro.
II. Estructura: dos hombres y un destino (confuso)
La novela está compuesta por capítulos breves que alternan dos líneas narrativas aparentemente desconectadas. Por un lado, seguimos a Jon, un escritor/ingeniero (sí, eso ya suena sospechoso) que se va a una casa rural con su pareja para reconectar con su vida, con ella y —esperemos— con su obra. Por otro, tenemos la historia de John Dunbar, un misterioso viajero del Oeste con cara de Clint Eastwood y alma de psicólogo cruel, que limpia la frontera de indeseables con una mezcla de plomo y filosofía barata.
Ambas tramas acaban resonando la una en la otra, como un eco en una cueva vacía. Porque Basilisco no va tanto de «lo que pasa», sino de lo que nos pasa por dentro mientras lo leemos. Y eso incluye: crisis de pareja, bloqueos creativos, nostalgia, dudas profesionales, y el permanente temor de que, por muy lejos que huyas, te sigues llevando a ti mismo.
III. Estilo: Bilbao y su bisturí
Jon Bilbao escribe con un estilo quirúrgico, sobrio y a la vez poético, con frases que cortan como navajas de afeitar. No hay grasa narrativa. Todo está medido, casi clínico, como si te estuviera examinando mientras lees.
Un buen ejemplo:
Yo limpio la frontera. Soy el alcohol y la sal, el hilo que sutura y la venda que protege.
Este tipo de frases se leen como quien escucha a un forense hablar del alma humana. Hay una crudeza desoladora en las palabras de Dunbar, y una ironía melancólica en las de Jon. Ambas se nutren de un lenguaje preciso, sin adornos, que parece sugerir que el autor no está aquí para entretenerte, sino para enfrentarte contigo mismo.
Y lo logra.
IV. Personajes: Jon y Dunbar, o cómo fracasar en dos tiempos
Jon (el escritor, el hombre moderno, el tú y el yo):
Un tipo decente, confuso, que estudió ingeniería porque no se atrevió a estudiar letras, lo cual le deja marcado de por vida. Como él mismo reflexiona:
Yo solo era un buen estudiante al que le gustaba leer y escribir, y él [su hermano] sabía perfectamente que ser buen estudiante no implica tener talento, ni curiosidad, ni personalidad.
¡Zas! Bilbao nos lanza de cabeza al clásico dilema del impostor literario. ¿Cuántos hemos sentido eso? Jon, atrapado en una relación desgastada y en un retiro campestre que no ayuda demasiado, se mueve entre la culpa y la introspección, enfrentando su pasado con un estoicismo casi pasivo-agresivo.
Dunbar (el forastero, el ejecutor, el reptil humano):
Una figura casi mítica, que parece surgir de las entrañas de la tierra. Dunbar es un «limpiador» en un mundo posapocalíptico, donde extermina a los que «no tienen arreglo», con un discurso que mezcla Darwin con la Biblia. Es un cowboy, sí, pero uno que se ha leído a Schopenhauer.
La brutalidad de Dunbar y su manera de analizar a los demás lo convierten en un espejo deformante de Jon. O tal vez Jon lo ha inventado. O tal vez ambos son proyecciones de algo más oscuro. ¿Ves lo que hace Bilbao? Te mete en un bucle.
V. Temas: identidad, fracaso y reptiles interiores
En el fondo, Basilisco es una novela sobre la transformación que no llega. Sobre ese anhelo de ser otro, mejor, más libre o más creativo, que al final choca con la dura realidad de que somos quien somos… y que no hay semilla mágica ni frontera mística que nos convierta en alguien diferente.
Como dice Dunbar:
Todos vosotros sois árboles crecidos y enfermos, que hay que talar, reducir a astillas, quemar, y luego esparcir la ceniza.
Optimista, ¿verdad?
Pero ahí está el núcleo del libro: la renuncia a la esperanza como forma de lucidez. Y sin embargo, al cerrar la novela, uno siente algo parecido a la paz. Porque al menos Bilbao no te engaña. No te promete redención. Solo te acompaña mientras miras al Basilisco de frente y decides si parpadear o no.
VI. ¿Y los premios? ¿Y la fama?
«Basilisco» fue finalista del Premio Nacional de Narrativa en 2021, lo cual ya indica que alguien en el Ministerio de Cultura leyó hasta el final (cosa que no siempre ocurre). Aunque no lo ganó, el libro consolidó a Bilbao como una de las voces más inclasificables y valientes del panorama español. Porque no todo el mundo se atreve a mezclar autoficción, western y ciencia ficción filosófica sin parecer un pastiche pretencioso. Y él lo logra.
VII. Conclusión: una novela que te observa (y te juzga un poco)
«Basilisco» es una lectura breve pero intensa, incómoda en el mejor sentido. No te acaricia el lomo, ni te regala épica fácil. Te enfrenta a tus dudas, a tus elecciones, a ese adolescente que quiso escribir y terminó en una oficina de seguros (o en un retiro de pareja en Asturias). Y lo hace con humor seco, ironía existencial y una lucidez que da escalofríos.
¿Es para todo el mundo? No. ¿Tiene momentos oscuros y fragmentarios? Sí. ¿Vale la pena? Muchísimo.
Y si después de leerlo sueñas con un hombre silencioso a caballo que te dice que eres un árbol enfermo, tranquilo. No eres tú. Es Bilbao, que te ha dejado una marca.