Impedimenta | Vicente Vera | 2013 | 304 págs.
#Narrativa #ReinoUnido #1908
No imagines, lector, que ni él ni Alice iban en la popa del vapor contemplando con melancolía el perfil de la extraordinaria isla que dejaban atrás. ¡No! Ambos tenían poderosísimas razones para no hacerlo. Aquel solo era uno de aquellos momentos de relativa calma que siempre seguían a las furiosas rebeliones emocionales, cuando Priam era capaz de pensar y reflexionar, y apreciar sus propias limitaciones, y meditar, lleno de alegría, en la perspectiva de una vida dedicada exclusivamente a la única actividad en la que podía actuar con genio y talento, en un dulce exilio y en compañía de su encantadora Alice.
Enterrado en vida, Arnold Bennett
Cómo fingir tu muerte, volverte tu criado y acabar casado con una mujer que te compra sábanas sin preguntarte el color
I. Introducción: «¡Yo no soy yo!»
Hay libros que te hacen replantearte la vida. Otros te hacen reír. «Enterrado en vida» hace ambas cosas, pero con una taza de té en la mano y una ceja levantada en gesto de fina ironía británica. Publicada en 1908, esta novela del prolífico y algo olvidado Arnold Bennett tiene como protagonista a un artista genial que odia la fama y decide desaparecer. No a lo Houdini, sino fingiendo estar muerto. Un plan sencillo, ¿verdad? Solo que nada sale como él esperaba. Ni a nosotros tampoco.
II. Trama: Fama, muerte y otros inconvenientes
Priam Farll es un pintor de fama internacional… y, para su desgracia, lo sabe todo el mundo. Lo que nadie sabe es que tiene la misma disposición para la vida social que un búho en una boda. Así que, cuando su criado Henry Leek muere repentinamente en su casa, y un malentendido lleva a que confundan el cadáver con el propio Farll, ¿qué hace él? ¿Avisar a las autoridades? ¿Desmentirlo todo con dignidad?
Por supuesto que no. Priam, como buen cobarde existencial, aprovecha para intercambiar identidades con su difunto sirviente. Así, «muere» oficialmente y se convierte en Henry Leek, un señor sin fortuna, sin oficio y con mucho tiempo para arrepentirse.
Lo que sigue es una cadena gloriosa de enredos: el antiguo genio de la pintura termina viviendo en un barrio humilde, casándose con una mujer práctica y mandona (de esas que deciden qué mantel se pone sin consultar), y observando cómo su tumba se convierte en un lugar de peregrinación. Un muerto muy exitoso, sin duda.
III. Estructura narrativa: Un muerto que se niega a quedarse quieto
La novela está dividida en capítulos cortos y ágilmente narrados. Aunque la premisa se presta al absurdo, Bennett no abusa del chiste fácil: la trama avanza como un mecanismo de relojería irónica. Cada giro, cada malentendido, cada coincidencia es como una pequeña bofetada de destino con guante blanco.
El ritmo es constante, con una mezcla de comedia de costumbres, crítica social y farsa identitaria que recuerda, por momentos, a Wilde, aunque sin tanto afán de parecer ingenioso. Bennett deja que la risa fluya sola, sin empujarla.
IV. Estilo: Ironía británica con pinceladas de ternura
Arnold Bennett no se burla de sus personajes: los mira con una mezcla de compasión, ironía y una pizca de resignación. Su prosa es clara, elegante y a menudo hilarante, pero con un trasfondo melancólico. Como si dijera: «Sí, esto es ridículo… pero, en el fondo, no estamos todos un poco así?».
El narrador omnisciente se permite comentarios sarcásticos y guiños cómplices al lector. Uno siente que Bennett está sentado al lado, contando la historia con media sonrisa y una copa de jerez en la mano.
V. Personajes: El arte de no querer ser uno mismo
Priam Farll es uno de esos protagonistas que no busca brillar, y por eso brilla más. Es excéntrico, neurótico, introvertido y francamente inepto para la vida práctica. Pero también es entrañable: su lucha no es solo contra la fama, sino contra sí mismo. A lo largo del libro, evoluciona de ser un fugitivo del mundo a alguien que, sin querer, vuelve a él por la puerta de la cocina. Y con una esposa.
Janet Leek, su nueva esposa, es el personaje más pragmático de la novela. Es la antítesis de Priam: concreta, directa, sin florituras. Lo más fascinante es que no lo ama por ser un genio, sino por ser, supuestamente, un hombre sencillo y responsable. Qué chasco se lleva (o no), ya lo descubrirán.
El mundo artístico y social que rodea a Farll —incluyendo críticos aduladores, galeristas hipócritas, funcionarios pomposos y periodistas sin escrúpulos— sirve como espejo deformado de la realidad. Bennett los retrata con bisturí fino: nadie se salva de la sátira, pero todos se mantienen en pie gracias a la humanidad que late tras su ridiculez.
VI. Temas: Identidad, libertad… y el fastidio de tener que hablar con la gente
«Enterrado en vida» es mucho más que una comedia de errores. Es una meditación cómica (y a ratos cruel) sobre la identidad: ¿quiénes somos realmente? ¿Lo que los demás creen de nosotros? ¿Lo que fingimos ser? ¿O lo que queda cuando nadie nos mira?
También reflexiona sobre el peso de la fama, la soledad elegida, y el precio de la autenticidad. ¿Puede alguien ser verdaderamente libre en una sociedad que siempre quiere colocarte una etiqueta? Priam lo intenta, y aunque no le sale del todo bien, tampoco fracasa. De algún modo, encuentra algo parecido a la felicidad… enterrado en vida.
VII. Conclusión: El muerto más vivo de la literatura
Arnold Bennett escribió «Enterrado en vida» hace más de un siglo, pero su humor afilado, sus observaciones sobre la fama y la hipocresía social, y su tierna burla hacia las rarezas humanas siguen igual de frescos hoy. Es una novela ligera en tono, pero profunda en contenido. Y sobre todo, divertida.
Ideal para quienes buscan una historia con chispa, con alma, y con un protagonista que solo quiere que lo dejen pintar tranquilo. Aunque para eso tenga que morir.