«Confusión», Elizabeth Jane Howard

Puntuación: 4.5 de 5.

Querer que las cosas sean más justas para las mujeres forma parte de querer que las cosas sean más justas para todo el mundo.

Confusión, Elizabeth Jane Howard

Una novela sobre crecer, doler, amar… y sobrevivir a una cena familiar en tiempos de guerra.

I. Bienvenidos a la familia Cazalet (otra vez)

Elizabeth Jane Howard, esa astuta y refinada observadora de lo doméstico y lo emocional, regresa con «Confusión», la tercera novela de su saga sobre los Cazalet, una familia británica de clase acomodada en pleno siglo XX. Si no los conoces todavía, prepara las maletas emocionales, porque esta no es una familia cualquiera: aquí hay dramas de alcoba, guerras silenciosas en la mesa del desayuno, y adolescentes intentando entender el amor mientras suenan bombas en el fondo. Literalmente.

Como su título lo indica, «Confusión» es eso: un desorden emocional exquisitamente narrado, donde lo caótico no es la guerra en sí, sino todo lo que sucede entre las explosiones. Porque aquí, como en la vida real, lo verdaderamente devastador son las cenas incómodas, los silencios largos, los «te quiero» que no se dicen y las muertes que nadie sabe cómo llorar.

II. Estructura y estilo: una coreografía emocional sin dramatismos

La novela está construida con ese estilo coral que ya es marca de la casa Cazalet: múltiples perspectivas, capítulos que saltan de un personaje a otro, y una narración que no se molesta en subrayar lo obvio. Howard confía en su lector, y eso se agradece. No hay flashbacks dramáticos con música de violín, sino recuerdos que emergen entre pensamientos, acciones y gestos.

El estilo de Howard es sobrio pero punzante, como una buena taza de té inglés que, de repente, tiene un chorrito de ginebra. Y justo cuando crees que estás leyendo una novela más sobre la guerra y la familia, te suelta una frase que te deja sin aliento, como esta:

No conseguía asimilar aquello de «para siempre» —no costaba nada pensar que alguien se había marchado; lo difícil era aceptar que no iba a regresar jamás.

Hay más sabiduría en esa línea que en cien sesiones de terapia. Y sin diván.

III. Personajes: adolescentes confundidas, adultos más todavía

En «Confusión», las mujeres jóvenes toman el timón. Clary, Polly y Louise, que empezaron la saga como niñas más o menos adorables (y un poco intensas), aquí crecen, se decepcionan, se enamoran, se rebelan, y —en algunos casos— hasta intentan escribir una novela. Spoiler: escribir no es terapia, pero ayuda a no gritarle a tus padres.

Clary es, quizás, el corazón de esta entrega. Sigue esperando noticias de su padre desaparecido en la guerra, mientras trata de sobrevivir en un internado donde hay más represión emocional que disciplina académica. Su evolución es conmovedora, sobre todo porque es una adolescente inteligente, sensible, y con una conciencia política y emocional muy precoz. Ella lanza perlas como esta:

Digo yo que lo lógico sería que, con la de gente que sabe de primera mano lo terrible, repugnante y aterradora que es la guerra, se pusieran todos de acuerdo para que no hubiese más.

Clary, hija, si te postulas a Presidenta, tienes mi voto.

Polly es más tranquila, más contenida. Su proceso es menos espectacular, pero no menos profundo. Descubre que el mundo adulto está lleno de traiciones elegantes y silencios largos, y que crecer significa a menudo resignarse. Su confusión es menos visible, pero igual de dolorosa.

Louise, en cambio, decide lanzarse al amor como quien se tira a un pozo sin saber si hay agua abajo. Y claro, se da un buen golpe. Pero su evolución es quizá la más reveladora: se enfrenta a la maternidad, a las imposiciones sociales y a la belleza como forma de poder, todo mientras intenta seguir siendo ella misma. Howard lanza este dardo en plena narración:

Lo que impide que se convierta en una especie de mortífera vara de medir es que todos tenemos ideas distintas de lo que es bello o bonito.

En otras palabras: que nadie te diga cómo deberías verte, sentir o vivir. Ni siquiera tu marido.

IV. Temas: guerra, clases sociales y una buena dosis de feminismo implícito

Uno de los grandes méritos de «Confusión» es cómo la guerra nunca se convierte en protagonista, pero está presente en todo. No solo como contexto, sino como metáfora del caos interior. Mientras Londres se desmorona, los personajes también lo hacen, pero con mucho más disimulo.

Howard no cae en dramatismos fáciles: explora la guerra desde el punto de vista del hogar, del tedio, del miedo sordo, de la espera. También aparece con fuerza el tema de las clases sociales, que empieza a tambalearse. Como bien dice un personaje:

Cuando prácticamente todo el mundo ha estado en peligro de muerte, no es muy probable que nadie vuelva de buena gana a un sistema de clases en el que la vida de unas personas vale más que la de otras.

Si Virginia Woolf tuviera una hija que adorara las sagas familiares y los pasteles de ruibarbo, habría escrito esta novela.

V. Recepción y premios: lo bueno, si británico y bien escrito, dos veces bueno

Aunque «Confusión» no ganó premios específicos por sí sola, la saga Crónicas de los Cazalet ha sido reconocida como una de las grandes series literarias británicas del siglo XX. Fue adaptada por la BBC, y autores como Hilary Mantel y Martin Amis han elogiado a Howard por su capacidad para retratar la vida interior sin grandilocuencia.

Howard fue miembro de la Royal Society of Literature, y aunque por muchos años fue más conocida como «la esposa de Kingsley Amis» (¡ay, patriarcado!), hoy se la reconoce como una autora profundamente moderna, elegante y ferozmente inteligente.

VI. Conclusión: no hay bombas, pero sí hay fuegos emocionales

«Confusión» es una novela donde no pasa «nada» y pasa todo. Donde el mundo se tambalea por fuera, pero el verdadero terremoto ocurre dentro de los personajes. Es una historia sobre crecer, sí, pero también sobre perder la inocencia y seguir adelante sin saber muy bien por qué.

Con un humor sutil, una escritura precisa, y personajes que uno querría abrazar o sacudir (a veces ambas cosas), Elizabeth Jane Howard nos recuerda que la guerra más difícil es la de convertirse en uno mismo.

Ideal para gente que no le teme a un buen «drama del alma»; o para quienes aman las sagas familiares bien escritas; para lectores con paciencia y sensibilidad; o amantes de personajes femeninos complejos; pero sobre todo, para los que les guste las novelas escritas con elegancia y un estilo impecable.